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La miel, fuente de salud
Salud
Esfinge núm 23 - Abril 2002
Vicente Collado
 

LA MIEL, FUENTE DE SALUD

Desde la Prehistoria la miel ya fue utilizada como alimento. En diversas pinturas rupestres ubicadas en la España meridional se representan individuos armados con palos largos recolectando miel, y justo por estos pagos se desarrolló la civilización tartesia, cuyo rey Gárgoris fue, según la tradición, el descubridor y recolector de la miel. Lo cierto es que a partir de la Edad del Bronce tanto el uso de la miel como la cera se extendieron considerablemente, y podemos tener la certeza de que la abeja fue el animal domesticado más antiguo. Los primeros recolectores atrajeron a las abejas hacia unas primitivas colmenas que hacían con barro y paja o con troncos huecos, en una cooperación que se ha mantenido hasta nuestros días.

Los egipcios desarrollaron la apicultura enormemente, y en sus barcos cargaban colmenas mientras navegaban, con lo cual inventaron la apicultura migratoria, pues las abejas seguían el transcurso del viaje libando las flores que encontraban en su recorrido, hasta que finalmente la miel era recogida al final del viaje. En la farmacopea egipcia fue uno de los productos mas utilizados.

El médico griego Hipócrates la recetaba como parte necesaria en la dieta, y los atletas la tomaban con agua para contrarrestar la fatiga por su aporte energético.

En Roma se hizo célebre el servirla con vino, consumiéndose en grandes cantidades, siendo tan apreciada que llegó a ser exigida como tributo a los enemigos derrotados.

Hoy en día la explotación de colmenas se ha perfeccionado mucho y la apicultura es una actividad bastante desarrollada. El consumo, tanto de miel como de polen, própolis y jalea real se ha incrementado, tanto por ser una delicia para el paladar como por el valor terapéutico que acumulan.

ELABORACIÓN Y COMPOSICIÓN

El proceso de elaboración de la miel empieza con la recogida del néctar floral y su transporte a la colmena. Posteriormente comenzará el proceso de transformación de ese néctar a partir de una compleja tarea en la que las abejas segregan una gota de líquido desde su buche sobre el néctar. Acto seguido se van pasando estas gotas de néctar de unas a otras, logrando con ello enriquecerla con enzimas que aportan, y convirtiendo finalmente estas gotas en miel. Parte de las abejas se dedican a un aleteo constante para lograr una solidificación mayor, al evaporar con el aire producido el líquido acumulado. Luego, lo almacenan ordenadamente en celdillas y las cierran herméticamente con cera, evitando que la miel absorba agua o fermente. El apicultor finalmente sacará los panales depositando la miel en centrifugadoras.

La composición de la miel variará en función de su origen: si es miel de llano o de montaña, y de las flores dominantes que hayan entrado en su elaboración, pero podemos hablar de una composición básica, común a toda clase de mieles: poseen un 75% de glúcidos (fructosa, glucosa, dextrina, sacarosa), un 20% de agua, aminoácidos esenciales, ácidos orgánicos, sales minerales y oligoelementos (potasio, sodio, calcio, magnesio, hierro, fósforo, azufre, cloro), vitaminas de todo tipo excepto la vitamina A, algunos enzimas digestivos, sustancias antibióticas y polen.

Atendiendo a los múltiples orígenes de la miel, podremos encontrar en el mercado una extensa variedad, donde el color va desde el ámbar muy oscuro al ámbar cristalino. Supone una tentación que nos invita a constatar por nosotros mismos todo un mundo de diferentes sabores.

Según su modo de preparación nos puede ser presentada de dos formas:

Miel de panal, la cual se comercializa con su envoltura de origen y totalmente pura.

Miel de extracción: la obtenida mediante extracción centrífuga y destinada al consumo en recipientes.

Vamos a citar algunas de las variedades más comunes de miel y su particular aplicación terapéutica:

Miel de azahar: se trata de una miel de color ámbar claro, muy transparente cuando está líquida. Aroma y sabor dulce y perfumado. Tiene propiedades antiespasmódicas y es útil en los casos de insomnio.

Miel de eucalipto: posee un sabor fuerte. Esta miel es utilizada en el tratamiento de las infecciones respiratorias, la garganta, los pulmones... y en los problemas de las vías urinarias.

Miel de espliego: tiene un color ambarino claro, de sabor muy agradable. Se trata de una miel muy rica en hierro y es un excelente tónico cardiaco. Es buena como antiséptico pulmonar. Muy adecuada contra la tos y la gripe.

Miel de pino: es una miel oscura, de sabor resinoso. Es la mejor de las mieles para la expectoración bronquial.

Miel de romero: es una de las mieles más apreciadas. Es de color ámbar, muy sabrosa. Recomendada como estimulante del hígado, y para la insuficiencia hepática. Estimulante en casos de fatiga y cansancio. Se usa también en caso de falta de menstruación.

Miel de montaña: los néctares que las abejas recogen a gran altitud producen una miel excelente contra el catarro.

Podríamos citar muchas más clases de miel dependiendo de la planta que haya sido visitada por las abejas. Esta miel añadirá a sus virtudes terapéuticas las que por naturaleza tiene la planta cuyo néctar ha sido extraído por nuestras incansables amigas. De alguna manera los poderes curativos de la planta en concreto pasan a la miel elaborada.

TERAPIAS CON LA MIEL

La miel en sí, sea cual fuere su procedencia, es ya una verdadera panacea. Se trata del alimento energético por excelencia, un alimento de primer orden para lactantes, niños y ancianos y un reconstituyente para los deportistas y personas que se sientan fatigadas. Su uso regular actúa como tonificante de los corazones lacerados por la vida estresante. Es un sedante para el cuerpo.

Hígado: aumenta la cantidad de glucógeno disponible, lo cual ejerce una función protectora sobre el hígado.

Afecciones respiratorias: tos, bronquitis, sinusitis, irritaciones de la garganta.

Corazón: aumenta el caudal de los vasos coronarios. Ahorra energías al corazón fatigado al facilitar sus contracciones.

Fatiga: actúa contra la astenia y la fatiga. Nos ayuda a recuperar el equilibrio. Suprimir el azúcar en beneficio de la miel nos asegurará una muy buena recuperación.

Digestión: contra el estreñimiento (tomando una cucharada sopera acompañada de una fruta). También protege la flora intestinal gracias a su poder antiséptico.

Sistema óseo: la miel es recalcificante para los huesos y los dientes.

Heridas: por su acción antiséptica, es muy eficaz contra cualquier tipo de heridas gracias a su poder de regenerar las células.

Que este pequeño artículo sirva para acercar un poco más a los lectores a ese producto maravilloso que la madre Naturaleza nos ha confiado. Y cuando paseemos por el campo o el monte, cuando veamos y oigamos el zumbido de un pequeño insecto que se afana trabajosamente sobre el cáliz de alguna flor, observemos con cariño su labor y brindémosle el homenaje que se merece ese ser misterioso que es la abeja. Su vida es sencillamente fascinante.

RECETAS

Añadiremos a continuación algunas recetas sencillas que fácilmente podremos elaborar en casa y cuyos ingredientes son fáciles de conseguir.

Contra la tos: mezclar dos cucharadas soperas de glicerina con una de miel. En cada acceso de tos tomar una pequeña cucharadita de esta mezcla.

En caso de bronquitis: hervir dentro de un saquito 175 gramos de lino. En la decocción añadir el jugo de tres limones y medio kilo de miel para un litro del compuesto.

Para el estreñimiento: mezclar miel con leche hervida, a partes iguales, tomando dos tazas al día durante dos o tres semanas. Tomarlo bien caliente.

Para los resfriados y la voz ronca: exprimir un limón y diluir con dos dedos de agua caliente, añadir dos cucharadas pequeñas de miel e ir tomando a sorbos.

Para cicatrizar heridas: mezclar a partes iguales miel con aceite de hígado de bacalao. Untarse con esta mezcla las heridas y veremos que cicatrizan prácticamente de un día para otro.

Receta contra las pecas: mezclar 250 g de miel, el zumo de un limón, 60 g de glicerina, 60 mm de alcohol de 70º. Aplicar por las mañanas y al acostarse.

Remedio contra las impurezas cutáneas: mezclar a partes iguales miel y leche añadiendo a la mezcla el zumo de un limón. Agitarlos intensamente y aplicar la emulsión al cutis cada noche antes de acostarse. La piel queda más limpia y veréis cómo los granos e impurezas van desapareciendo.

Vicente Collado

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