| |
|
Globalización ¿encrucijada sin salida? Comprar esta revista
|
 |  | Globalización ¿encrucijada sin salida? Sociopolítica Esfinge núm 28 - Octubre 2002 Juan Manuel de Faramiñán Gilbert | | | GLOBALIZACIÓN ¿ENCRUCIJADA SIN SALIDA?
Nos guste o no, la globalización existe. El desafío es saber cómo gestionarla para evitar sus efectos negativos y desarrollar sus potencialidades.
¿COMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ?
Como ha señalado el historiador Eduardo Galeano, “la historia es un profeta que mira hacia atrás”, y resulta prudente, cuando analizamos el presente, tener en cuenta lo que la Historia nos enseña, con el fin de aprovechar la experiencia acumulada.
Desde el siglo XVI, cuando emerge el modelo político del “Estado-nación”, la estructura de la Comunidad Internacional se conforma a través del diseño que aportan los Estados soberanos como protagonistas indiscutibles de la misma. Los Estados afianzan su poder y su hegemonía y como actores desempeñan un papel preponderante, al punto de ir desplazando otros modelos existentes de organización y poder político, como el Imperio o el Papado.
Sin embargo, ese monopolio ya se ha visto cuestionado por la emergencia, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, de las Organizaciones Internacionales, que como tales, se han constituido en sujetos del Derecho Internacional y por tanto actores indiscutibles de la Comunidad Internacional. Con ello el Estado perdió parte de su monopolio y progresivamente las Organizaciones Internacionales han ido cobrando fuerza.
Todos estos cambios han llevado a reflexionar sobre lo que se ha dado en llamar la “crisis del Estado-nación”, en el marco de la cual se detecta que el Estado no sólo ha perdido protagonismo sino también soberanía y que, junto a las organizaciones internacionales, comienzan a surgir otros modelos paralelos que cuestionan los esquemas clásicos hasta el momento conocidos. Así, en estos últimos años, aparece confrontándose con el Estado un prototipo nuevo que es el de la sociedad civil y que, por medio de Organizaciones no gubernamentales, plantea una confrontación con la política estatal.
Se trata de una visión del mundo diferente, y el ejemplo paradigmático en nuestros días ha sido la creación del Foro Social Mundial reunido en Porto Alegre (Brasil) que reúne a las ONGs más beligerantes frente al Foro Económico Mundial, que agrupa a los Estados más ricos del mundo en Davos (Suiza) o en Nueva York (USA).
Es aquí donde se plantea la disyuntiva sobre la Globalización y los efectos que la misma puede tener sobre la Comunidad Internacional y sus actores más característicos, como son los Estados o las Organizaciones Internacionales. Cabe preguntarse si los modelos que nos han servido durante estos últimos siglos serán viables en el siglo XXI, y si los rápidos cambios que se están operando en la Comunidad Internacional darán nacimiento a otros modelos diferentes o incluso antagónicos a los existentes hasta ahora.
FACTORES QUE HAN PROMOVIDO EL FENÓMENO
De todos los aspectos que confluyen en la globalización, el más destacado es sin duda el económico.
Recientemente Michel Barnier manifestaba que “la globalización no debe convertirse en sinónimo de un mundo inestable y exclusivamente gobernado por una lógica de mercado”, y que “frente a este grave peligro, se debe proponer una verdadera respuesta, aportando a los ciudadanos, además de prosperidad económica, la garantía de un espacio social, cultural y político común”.
Los motores de la mundialización han sido cuatro: los elementos tecnológicos, empresariales, financieros e institucionales.
Parece evidente que la evolución tecnológica favorece la mundialización. En efecto, el desarrollo de la sociedad de la información desempeña un papel motor mediante el establecimiento de redes digitales globales que conectan a multitud de operadores, lo que ha contribuido a crear una nueva economía mundial basada en las redes y los activos inmateriales.
Por lo que respecta al motor financiero, hay que señalar que el volumen y la liquidez de los mercados financieros internacionales ha contribuido notablemente a la mundialización, ya que han facilitado la multiplicación de fusiones y adquisiciones a través de las fronteras. La instantaneidad y volatilidad de los flujos financieros, como demuestran las distintas turbulencias monetarias y financieras, afectan directamente el comportamiento de las empresas y las economías nacionales.
En la globalización, la noción de distancia resulta ya caduca, pues el comercio electrónico pulveriza las distancias, y ha generado una competencia mundial inmediata. Sin lugar a dudas favorece la difusión de productos y servicios diversos. De este modo, los llamados nichos de mercado, que han sido los objetivos tradicionales de las Pymes, pueden explotarse globalmente. Además, el comercio electrónico ha provocado la aparición de actividades completamente novedosas, en especial por lo que se refiere a los servicios de intermediación (empresas de logística, servicios de certificación y validación, agencias de calificación para la concesión de créditos, etc.).
En este marco, las pequeñas y medianas empresas se han convertido en nuevos actores y el establecimiento de redes digitales ha disminuido el coste de entrada en los mercados mundiales.
A través de estos nuevos modelos se crean puestos de trabajo. Así, en Europa, un 50% de los nuevos empleos se debe a un 4% de pequeñas y medianas empresas, y en los Estados Unidos dos tercios de los nuevos empleos proceden de empresas de alta tecnología, de las cuales la mitad son Pymes.
NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE
Ahora bien, no es oro todo lo que reluce, como dirían los orientales: todo tiene algo de yang y de yin. Las realidades parecen tener siempre dos caras.
En este sentido, desde determinados foros internacionales se han opuesto al proceso de globalización. En opinión de Samir Amin, catedrático de economía de la Universidad de Dakar (Senegal), la globalización mediante la apertura de los mercados no servirá para frenar los crecientes desequilibrios sociales y económicos entre los diferentes países del planeta, sino más bien para profundizarlos. Para este economista de origen egipcio, la crisis de los modelos económicos de la postguerra creó la ilusión de que los mercados podían generar las condiciones para una nueva ola de crecimiento global y se creyó que el mundo podía ser dirigido como un mercado. Pero para Amin, este proceso es equívoco, ya que va provocando crisis económicas en distintos puntos del planeta: la crisis asiática, la crisis mexicana, y habría que agregar ahora la crisis argentina (como dato para tener en cuenta, un reciente informe del Banco Mundial calcula que con motivo de la crisis financiera en Asia Oriental, el número de pobres podría haberse duplicado en Indonesia y haber aumentado entre un 35 y un 50% en Filipinas, Tailandia y Malasia durante el periodo 1998-2000). Para el ya citado Amin, la crisis se produce porque enormes sumas de dinero no consiguen encontrar un punto de inversión en su permanente expansión, por lo que este desequilibrio creado por el neoliberalismo y por la ilusión de que el mercado se puede autorregular, conlleva la profundización de la crisis, y el resultado de ello será la desvalorización masiva del capital mundial a través de la financiación del sistema, que crea vías alternativas de inversión de capital en el mundo financiero. Vías que consisten en especular sobre las tasas de interés, los tipos de cambio, etc., provocando un círculo donde el dinero crea más dinero sin moverse hacia la producción.
En definitiva, como ha señalado Valero Casanovas Oliva, “la globalización es un proceso complejo y multifacético, que a la hora de explicarlo se presenta como un gran abanico de respuestas en función del enfoque que se decida tomar”.
LA POBREZA: UN DESAFÍO PARA EL DESARROLLO GLOBAL
En nuestros días, gracias a una oleada de innovaciones tecnológicas sin precedentes y a una división del trabajo más realista a escala mundial, hay que admitir que la globalización ha sido un factor de dinamización del crecimiento mundial. Y sin embargo, también hay que reconocer que esa mayor liberalización del comercio y el aumento de la inversión directa extranjera, así como los flujos de capital a corto plazo, sólo han tenido una incidencia relativa en el desarrollo global. Así, mientras un puñado de economías emergentes dio pruebas de que es posible salir del subdesarrollo mediante estrategias basadas en la exportación y la absorción de inversión directa extranjera, la mayor parte de los países en desarrollo no ha logrado ningún aumento significativo ni continuo de su PIB. A pesar de que ha habido progresos evidentes en cuanto a la disponibilidad de alimentos, esperanza de vida y disminución del analfabetismo, en la mayor parte de los países en desarrollo la pobreza sigue siendo hoy más que nunca un desafío. No olvidemos la hambruna que afecta hoy a Centroamérica como consecuencia de la sequía, los desastres naturales y la corrupción.
Por tanto, para que la globalización fuese a la vez eficaz y justa, debería ser controlada y gestionada en función de los intereses colectivos de los ciudadanos, con el fin de que los riesgos se hagan menos evidentes y en cambio se desarrollen y estén más presentes sus virtudes. En el marco del comercio internacional, los mercados son eficaces pero no equitativos, por lo que será necesario revisar sus reglas.
¿GLOBALIZACIÓN VERSUS EVOLUCIÓN HUMANISTA?
Jacques Hallak presentó en octubre de 1999 ante la Autoridad sueca para el desarrollo internacional, un análisis muy elaborado sobre “globalización, derechos humanos y educación” que puede servirnos de referente en las reflexiones que estamos hoy analizando. Para el autor existen dos escenarios posibles sobre los que se puede configurar la globalización: un modelo que genera conflictos de objetivos, y otro que implica complementariedad.
El primero nos mostraría la cara oscura de la globalización, dado que los factores que determinan la dinámica de la misma parecen estar enfrentados con el respeto de la dignidad humana, por lo que “si las tendencias actuales de la globalización persisten, podrían generar resistencias y perturbaciones políticas y sociales”. En esta perspectiva, la mundialización toma al individuo como un “actor económico”, y su interés se basa exclusivamente en motivaciones de carácter económico donde las fuerzas motrices son el mercado y el capital. Esto produce la división de los grupos humanos en tres categorías: los que globalizan, los que son globalizados y los que son excluidos de la globalización, lo cual trae como resultado evidente una violación de los derechos económicos y sociales.
Dentro del segundo escenario se intenta realizar un esfuerzo de síntesis y aprovechar los efectos de la mundialización para integrar y no aislar o separar, teniendo en cuenta que la globalización contribuye a una amplia difusión de ideas y valores, lo cual permite movilizar la atención internacional hacia problemas y desafíos de carácter universal, entre los que sin lugar a dudas se cuenta la protección y respeto de los derechos humanos de carácter individual y colectivo, “como un prerrequisito para la evolución humanista de la globalización”.
Cabe preguntarse si esto es posible. En todo caso, se puede intentar y para ello aprovechar la dinámica de comunicación e interrelación que genera la globalización, reforzando los instrumentos legales que afectan al terreno de la cooperación internacional, organizar y apoyar a las Organizaciones no gubernamentales que representan a la sociedad civil a las que internet les brinda un marco de acción inimaginable, y también, fortalecer y escuchar a los mecanismos regionales de regulación internacional, por ello, en definitiva, el Derecho internacional debiera ser el marco jurídico apropiado para establecer los alcances y límites de la globalización, con el fin de alcanzar un modelo humanizado.
Es en este contexto donde el pensamiento filosófico cobra un importante papel, y la aportación que para la humanización de la globalización pueden dar los criterios filosóficos y humanísticos, lamentablemente postergados en aras del enriquecimiento económico de los grupos de poder.
¿QUÉ ES LA GLOBALIZACIÓN?
Se ha llamado globalización o mundialización a un proceso político, económico, social y ecológico que está teniendo lugar a nivel planetario y que tiene perfiles positivos y negativos. Presenta indudables ventajas para el desarrollo económico de las pequeñas y medianas empresas, pero son las grandes multinacionales quienes tienen realmente a su favor las reglas del mercado.
Notas
A pocos días de la celebración de la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, y obligados por las fechas de cierre de una publicación mensual como es Esfinge, no podemos saber los resultados de la misma.
A estas alturas, las expectativas de solución de los graves problemas que afectan a la humanidad y que se tratan en estas Reuniones, no parecen haber tenido mucho efecto. Entre la multitud de proyectos que se presentan en esta ocasión nada suena a nuevo: reducir la pobreza, aumentar el bienestar de los pueblos, proteger el medio ambiente y la necesidad de una respuesta global y un esfuerzo conjunto para conseguirlo.
Quizás, a los diez años de la histórica primera Cumbre en Río de Janeiro, se consigan fijar planes de acción urgentes y efectivos.
Este artículo sobre globalización nos puede aclarar el concepto de un sistema de trabajo que se hace necesario de cara al s. XXI.
La Redacción | Juan Manuel de Faramiñán Gilbert |
|

Estos artículos son Copyleft bajo una licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor y la web fuente de la información, siempre que no
sea para un uso económico o comercial. No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.
|
|