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La aldea global y la muerte de las ideas
Sociopolítica
Esfinge núm 39 - Octubre 2003
Francisco Javier Ruiz
 

LA ALDEA GLOBAL Y LA MUERTE DE LAS IDEAS

La sociología-ficción de mediados del siglo pasado auguraba un maravilloso futuro para la humanidad, pero casi nada de lo que se predecía se ha hecho realidad. En vez de la edad de oro anunciada, parecemos abocados a vivir en la barbarie económica carente de humanismo

PARA ENTRAR EN MATERIA

En el libro escrito por el viajero inglés del siglo XIX George Borrow, la Biblia en España, en el que nos cuenta las vivencias y aventuras que sufrió en nuestra tierra, nos dice las vicisitudes que pasó en un viaje en diligencia de Madrid a Sevilla durante una semana. Hoy en día ese viaje se puede hacer en vehículo propio en menos de 5 horas, en tren AVE en menos de 3 y en avión en menos de 1...Podemos constatar entonces una increíble mejora en las comunicaciones, lo que para un hombre de la Edad Media sería cosa de brujería. Esto, naturalmente, ha provocado un cambio cultural e ideológico. Las consecuencias del mismo las conocemos como globalización.

¿Qué es la globalización? Como todas las cosas importantes de la vida, es muy difícil definirla con palabras. Es más fácil acercarnos a ella a través de sus efectos. La globalización provoca que en todo el mundo se beba el mismo refresco de cola, se vistan pantalones vaqueros, se coman hamburguesas. Hace que la parte moderna de las ciudades sea tan parecida, con su monotonía aséptica y gris. Provoca la pérdida de vocabulario en muchos habitantes, sustituyéndolo por un lenguaje mediocre y pobre, poblado de anglicismos innecesarios. Es la causa indirecta del deterioro familiar, laboral y social.

EL CAMBIO TECNOLÓGICO

A finales de los 70 y principios de los 80, cuando estaba naciendo la revolución informática, muchos pensadores y politólogos auguraron el nacimiento de una nueva edad de oro; puede leerse en el libro clásico y póstumo de Marshall McLuhan, La aldea global; gracias al avance ofimático y robótico la jornada laboral pasaría a ser de 4 horas diarias, el hombre dispondría de gran cantidad de tiempo libre, con lo cual una de las principales industrias sería la del ocio, surgirían gran cantidad de artistas, de nuevos artesanos, de científicos aficionados...La mejora y el abaratamiento de las comunicaciones mejoraría el comercio, las relaciones humanas; la red de satélites alrededor del planeta permitiría un contacto simultáneo entre casi todos sus habitantes, dando nacimiento a la conciencia planetaria. Los resultados de tal sociología-ficción están a la vista. Casi nada de lo que se predijo se ha vuelto realidad, y menos que nada los cambios sociales. Se ha olvidado que el avance tecnológico no provoca necesariamente un avance humanístico: hoy los medios de comunicación han mejorado muchísimo, pero la comunicación en sí no. Enviar un e-mail a un amigo no es relacionarse con él. Chatear a través de Internet o de un teléfono móvil no implica conocer vida, sentimientos ni pensamientos. Es cierto que siempre, desde que la Humanidad conoce la escritura, se han escrito cartas, pero actualmente la preponderancia de los medios de comunicación es tan grande que condiciona las relaciones humanas; el medio está dominando sobre el fin.

La búsqueda de la comodidad material a cualquier precio, del tener cada vez más, de poseer cada vez mejores coches y electrodomésticos nos ha convertido en esclavos y ha hecho que se destruya el mundo laboral; los resultados de una encuesta en EEUU, la meca de la modernidad, son concluyentes: el americano medio trabajaba en 1993 una jornada semanal media de 43 horas, mientras que en 2001 dicha jornada había aumentado a 51 horas. Los mecanismos de protección social y laboral están desapareciendo en todo lo que se conoce como las naciones del primer mundo, y aparece un nuevo tercer mundo en los barrios pobres de las principales ciudades del mundo. Naturalmente, la pérdida de la confianza en la modernidad y en la bondad del desarrollo tecnológico está fracturando psicológicamente al individuo; la depresión, las paranoias y el suicidio están aumentando de manera exponencial. La búsqueda del placer y la diversión fácil para ahogar la soledad están a la orden del día.

El núcleo tradicional familiar ha sido roto. Es bueno que la mujer se haya incorporado al mundo laboral, pero el deterioro de las condiciones de trabajo ha hecho que para muchas de ellas sea heroico tener que educar a sus hijos. Hoy los niños son criados y educados en guarderías, con las abuelas y a través de la TV. Se están introduciendo en el mundo de los adultos antes de tiempo. Naturalmente eso provoca una fractura psicológica, y vemos como aumenta la violencia infantil y la rebelión contra todos y contra todo.

Nuestras ideas culturales y políticas están en franca decadencia. Actualmente la política no pasa del ámbito municipal, donde lo único que se busca es el beneficio económico cada vez mayor para las clases privilegiadas, mientras que la máscara política que se utiliza es la democracia, buscando aparentemente satisfacer las necesidades materiales del pueblo sin ocuparse en absoluto de las necesidades espirituales. Como contrapartida, en todo el mundo aumentan el hambre y la miseria. Como consecuencia de la muerte ideológica, las guerras se declaran únicamente por asuntos económicos. Un régimen puede ser apoyado o defenestrado según los intereses económicos; por ejemplo, el régimen de Saddam Hussein a primeros de los 80 fue apoyado por Occidente para frenar el naciente fundamentalismo islámico en Irán. La guerra entre Irak e Irán declarada por Saddam fue de las más sangrientas guerras recientes, con más de un millón de muertos entre ambos bandos. Diez años después, según los medios de comunicación y previa invasión de Kuwait, se transforma en un sangriento tirano que debe ser frenado por los aliados para preservar la democracia en Irak. Recientemente su régimen ha sido derrocado porque no era democrático. ¡Como si fuera democrático el régimen de Arabia Saudita, donde todo el país pertenece a una familia dinástica, los Saud! Allí impera el régimen feudal y los derechos de los ciudadanos dependen de la interpretación del Corán por cualquiera de los príncipes familiares. Pero la política económica de Arabia Saudí sigue los intereses de EEUU, mientras que la de Saddam no. Naturalmente, no es una defensa de Hussein, es una simple reflexión sobre las máscaras con las que se viste el poder real en el mundo, entre ellas la de la democracia, para encubrir la pura y simple Ley de la Selva. Otro ejemplo muy reciente lo vemos en las guerras que se producen en el África Central, con el objetivo de controlar importantísimas fuentes de materias primas, provocando la aparición de la Iª Guerra Mundial Africana.

LA NUEVA EDAD MEDIA

La aplicación de la ley del más fuerte a escala planetaria hace que estemos entrando en una nueva era, que pensadores como Alain Minc y Umberto Eco han llamado la nueva Edad Media. Una Edad Media que, amparada en la Aldea Global, está tomando proporciones planetarias. El terrorismo internacional cada vez es mayor y se hace más presente en muchos pueblos oprimidos bajo la bota de la violencia económica o política. Cuando el ser humano sufre violencia, responde devolviéndola. Muchos terroristas son seres humanos desesperados, sin raíces, que buscan hacerse notar a cualquier precio.

Todas las ideas políticas han desaparecido del mundo público. La barbarie se está adueñando del mundo. Hoy las multinacionales son más poderosas económicamente que muchos países. Como lo que manda en ellas es el neoliberalismo, la búsqueda del beneficio económico a cualquier precio, los países tienen que favorecer sus intereses si no quieren verse castigados con una fuga de capitales, como recientemente hemos visto en Argentina, que tuvo que declarar el "corralito" entre sus ciudadanos si no quería perder todo su capital. Todo esto hace que las fronteras tradicionales se estén diluyendo, dando nacimiento a nuevos grupos de países, como la UE, unión sólo a nivel económico, con moneda común, libertad de circulación de mercancías y personas, pero muy poca política común real que supere lo meramente económico. Tradicionalmente los países no se formaron así. El caso de EEUU es típico. Los diversos estados se unieron en un Ideal común, y luego se fomentó la unión económica, pero no al revés.

LO POSITIVO DE LA GLOBALIZACIÓN

Es importante tener en cuenta que la globalización es un arma de doble filo. No es mala en sí, sino que depende del uso y de la finalidad que se pretenda con ella. Lógicamente la mejora en los transportes y las comunicaciones ha permitido un mayor flujo de información entre todos los seres humanos, y eso es muy bueno, siempre que podamos asimilar lo que recibimos y no se caiga en la saturación informativa. Como ejemplos pueden servir el conocimiento de antiguas culturas y tradiciones, como las nuevas medicinas, la acupuntura, el Taichi, las tradiciones culturales africanas, etc. La masiva publicación de libros y cuadros ha hecho que imágenes como la Monna Lisa, de Leonardo, o la Primavera, de Botticelli, sean familiares a todos los seres humanos. En un mundo como el nuestro, el que no es culto es porque no quiere, por los menos en las principales ciudades, aunque sea una paradoja el aumento cada vez mayor de analfabetos. La globalización ha permitido el auge y coordinación del voluntariado a nivel mundial, y los ciudadanos tienen una nueva y naciente conciencia ecológica del daño que se está haciendo al planeta y al hombre mismo. Los movimientos antiglobalización, gracias a esa nueva conciencia, están a la orden del día.

Pensemos también que la globalización no es un fenómeno nuevo en la Historia de la Humanidad. Parecida revolución cultural y comunicativa se produjo cuando tuvo lugar la invención de la imprenta a mediados del siglo XV. Las ideas renacentistas se difundieron por toda Europa con gran rapidez. Permitió el acceso a la cultura a la nueva burguesía. Otra forma de globalización también se produjo durante el Imperio Romano, ya que a través de las vías romanas pudo difundirse la cultura grecolatina por toda Europa y la cuenca del Mediterráneo. Con los grandes viajes náuticos de los siglos XVI y XVII se descubrieron continentes, se reanudó la comunicación entre todos los pueblos del globo y se reactivó el comercio y la cultura. Por la ruta de la seda circularon mercancías, pero también ideas. Quizás la principal diferencia entre aquellas globalizaciones y la nuestra es que en la que estamos viviendo se da mucha importancia a lo económico y muy poca a los valores humanos. Aquellas fueron fuente de cultura y civilización, la nuestra es, de momento, un signo de barbarie económica, debido a la muerte de las ideas.

ALGUNAS SOLUCIONES

Ante todo, no caer en la apatía ni en la comodidad de no arriesgar nada. Si el movimiento feminista no hubiese afrontado la burla y las injurias de la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX, hoy en día las mujeres no tendrían derechos laborales, ni podrían votar, ni tendrían derecho a poseer bienes personales a su nombre. Si Martin Luther King se hubiese quedado cómodamente sentado en su casa hoy la comunidad negra en EEUU seguiría discriminada. Sin los movimientos laborales y sindicales del siglo XIX los trabajadores hoy en día no tendrían derechos.

Es necesaria una mayor implicación social. La democracia no es sólo poner un sobre en una urna cada x años. Si entendemos democracia por poder del pueblo, es el pueblo el que debe hacerse un sitio en la sociedad, el que debe hacerse oír y saber actuar. El pueblo debe ser educado. Y el pueblo somos todos. No podemos esperar que nos lo den todo hecho. Hemos de recuperar la iniciativa. La mejor manera de tener la iniciativa es tener una idea muy clara de lo que es el Ser Humano, de cual es su sitio en la sociedad y en la Naturaleza. Hace 2500 años Sócrates hizo suya una frase inscrita en el templo de Apolo en Delfos. Conócete a ti mismo debe ser nuestra divisa. No es suficiente con protestar individual o colectivamente. Debemos potenciar la cultura, debemos conocer la Historia para extraer de ella los valores humanos que dignifiquen al individuo y lo liberen de la esclavitud psicológica a la que hoy está sometido. Tenemos que dejar de ser masa, de refugiarnos en la masa, y tratar de cambiarnos a nosotros mismos primero si realmente queremos cambiar el mundo y tener el derecho moral de hacerlo.

Bibliografía:

La Aldea Global. Marshall McLuhan.

El beneficio es lo que cuenta. Noam Chomsky.

Mentalidades ocultas y científicas en el Renacimiento. Brian Vicker.

Apología de Sócrates. Platón.

La República. Platón.

Francisco Javier Ruiz

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