Logo Revista Esfinge Filosofía - Ciencia
Salud - Historia
Arte - Simbolismo...
Editorial NA
  Temas | Autores | Revistas | Artículos | Búsqueda Subscripción Revista Esfinge Presentación | Editorial 
Temas
Antropología
Arqueología
Arte
Astrología
Astronomía
Biografías
Biología
Ciencia
Deportes
Ecología
Esoterismo
Filosofía
Historia
Medicina
Mitología
Música
Psicología
Religión
Salud
Simbolismo
Sociopolítica
Viajes
La clonación bajo sospecha   Comprar esta revista
La clonación bajo sospecha
Ciencia
Esfinge núm 24 - Mayo 2002
Manuel J. Ruiz
 

LA CLONACIÓN BAJO SOSPECHA

La clonación terapéutica puede desarrollarse con células madre embrionarias procedentes de los miles de embriones congelados (“excedentes” de las técnicas de fecundación in vitro).

El término clonación es uno de esos vocablos extraídos de la jerga científica, usado fuera del contexto técnico del que es natural, y dotado de un significado cargado de sentimientos encontrados y referentes sociales. En general, todos los avances genéticos adquieren un inusitado protagonismo social, y se dispara una suerte de sensor que produce, cuando menos, inquietud. Quizá el mundo de la genética, por estudiar los mecanismos que operan en el origen y esencia de lo biológico (que no de lo vital, cualitativamente distinto), ha sido el ámbito del saber preferido para elaborar historias-ficción relacionadas con el poder absoluto, el dominio sobre la materia viva y la herramienta definitiva de los intereses creados.

La realidad de la clonación es otra bien distinta, pero no libre de sospecha pública, sobre la creación de humanoides o la replicación de hombres escogidos. Para empezar, casi todos los esfuerzos en investigación se realizan por compañías privadas de biotecnología, con intereses en el mundo farmacéutico, agrícola o de sustancias químicas y con una fiera competencia entre sí, por lo que no se sabe realmente por dónde avanzan ahora mismo dichas investigaciones, lo cual es preocupante, porque no son buenas las prisas del negocio en los resultados de una investigación científica, y menos cuando se trata de la genética.

La clonación consiste básicamente en hacer que el material genético de una célula adulta se “lea”, se decodifique como lo hace un zigoto tras la fecundación, para dar lugar a un individuo desarrollado. Todas las células no reproductoras del organismo tienen el mismo contenido cromosómico (el material genético), donde se encuentran codificadas todas las características genéticas del individuo. El resultado es la producción de un individuo genéticamente idéntico al que donó la célula inicial. Esto no significa que sea igual al donante, puesto que hay caracteres en la manifestación que no dependen del contenido genético (como muchas peculiaridades de la conducta), o cuya expresión, pese a estar codificada por los genes, sin embargo depende de circunstancias ambientales. Dicho en otras palabras, un individuo de la especie que sea, es resultado de su genotipo (contenido genético) y del medio ambiente (físico, energético, psíquico y mental) en el que se desarrolla.

Para conseguir esto se ponen a punto diversas técnicas que tienen en común que de la célula adulta donante se extrae el núcleo (donde se encuentra el material genético), y se implanta en un óvulo (previamente enucleado), que es estimulado para que inicie la reproducción celular que dará lugar a un individuo completo bajo las directrices del material genético del donante. Este embrión es implantado en una hembra, que acaba desarrollando el feto. Este es el proceso a grandes rasgos. Sin embargo, cada especie con la que se está trabajando presenta problemáticas diversas que requieren soluciones diferentes. En la práctica, el número de éxitos es bajísimo, con sólo un 2% de nacimientos vivos. Las causas de que sea tan difícil llevar a cabo la clonación de un vertebrado superior son múltiples, y pueden estar en la propia manipulación de las células (que podría ocasionar lesiones imperceptibles de consecuencias insospechadas), el medio de cultivo inicial (que no es exacto), o sencillamente el desconocimiento profundo que se tiene todavía sobre cómo funcionan los distintos tipos de genes en el desarrollo embrionario, lo cual deja muchas variables en el aire.

Además, en la mayoría de los casos los supervivientes no son normales; presentan extrañas anomalías fisiológicas o enfermedades. Parece que el hecho de que no hayan tenido padres biológicos, que sean fruto de una reproducción asexual, hace que haya una lectura anómala de los pares de genes. Cuando hay una fecundación, cada célula sexual aporta un juego de cromosomas, y hay un proceso (que es en gran medida desconocido) que eclipsa a una de las series de genes: se leen los genes del padre o de la madre. Este proceso, conocido como imprinting, no se da en la clonación, y se desconoce cómo solventarlo y el alcance que llega a tener.

Se está trabajando con numerosos vertebrados superiores, ofreciendo diferentes niveles de éxitos: ovejas, cabras y terneros son los más asequibles; conejos, cerdos y ratones están ofreciendo dificultades a un procedimiento de por sí complejo y gallinas, perros y monos no han dado por ahora resultados positivos.

Como puede suponerse, el motivo de que se esté invirtiendo mucho dinero privado en estas líneas de investigación no es para aventuras fantasiosas, más propias de la prensa sensacionalista. Hay todo un posible y formidable negocio detrás, que va de la mano de la manipulación transgénica.

Hoy en día es posible insertar genes extraños en el genoma de una especie. El gen que codifica la producción de una proteína o una hormona de una especie puede ser injertado en el código genético de otra especie, de tal manera que ésta acabe produciendo la proteína de aquella. Esto se está llevando a cabo con éxito en microorganismos. Se están manipulando genéticamente multitud de plantas cultivadas, y se han ensayado con éxito manipulaciones transgénicas en vertebrados. De hecho, algunas de las especies objeto de clonación, como ovejas y cabras, lo han sido con células que previamente habían sido manipuladas genéticamente.

Combinando todos estos adelantos genéticos, las grandes compañías relacionadas con la sanidad pretenden conseguir biorreactores, organismos de fácil crianza (como el ganado doméstico), que, previa manipulación genética y clonación, sean capaces de producir hormonas, enzimas, proteínas humanas que curen determinadas enfermedades, órganos compatibles para transplantes. También interesan mucho determinados animales, como los ratones, conejos y monos, que manipulados genéticamente sirvan de estudio y experimentación sobre enfermedades humanas. Otra razón que está impulsando a investigar la clonación son los animales de compañía. En Estados Unidos hay varias empresas dedicadas a conservar tejidos de perros y gatos en nitrógeno líquido en espera de poder ser clonados. Millonarios encariñados con sus mascotas están pagando cantidades fabulosas por este servicio y haciendo cuantiosas donaciones para que se avance en la clonación de sus preciados animales de compañía, que por otro lado se está presentando difícil, y que de conseguirse no garantiza que el perro clonado sea tan gracioso y cariñoso como el que se murió, pues son aspectos de la conducta no genéticos.

Otros motivos minoritarios son la posibilidad de clonar animales extintos (siempre y cuando se corrijan las causas que los llevaron a su extinción y se conserven los ecosistemas en los que vivieron), como se quiere conseguir con el lobo marsupial.

En el caso del hombre, la clonación podría ser de dos tipos: uno con fines reproductores, es decir, clonar a un individuo completo, lo cual está rotundamente prohibido, no es viable por ahora y no es de interés comercial para las compañías biotecnológicas. El segundo tipo es la llamada clonación terapéutica, que pretende desarrollar tejidos u órganos para transplantes y reposiciones de niveles de hormonas o determinadas proteínas o tejidos degenerados. En este tipo de clonación, que se vale de diferentes caminos y técnicas, es donde se están llevando a cabo los debates bioéticos más apasionados (pues con respecto a la clonación reproductora todos coinciden en rechazarla), y en el que hay en juego, como en casi todo este mundillo de la tecnología genética, fuertes intereses económicos. Para atizar más el fuego, es de prever que se avance más rápidamente conforme el genoma humano está desvelando sus secretos.

La clonación terapéutica puede desarrollarse (al menos teóricamente, pues todo está en fase de investigación) con células madre embrionarias (células con capacidad de desarrollar un determinado tejido u órgano, también llamadas pluripotentes) procedentes de los miles de embriones congelados (“excedentes” de las técnicas de fecundación in vitro), con células madre de individuos adultos o con células adultas. El problema está, por un lado, en controlar que las células no se conviertan en totipotentes (es decir, con capacidad de engendrar un individuo completo), y por otro, en el valor que se le dé al embrión (si se le considera o no un ser humano). Aquí está la barrera de lo ético. En Estados Unidos y el Reino Unido los intereses económicos ganan la baza y se admite la investigación con embriones de menos de catorce días. En la Unión Europea parece que por ahora se mantiene la postura de prohibir la investigación con embriones, pese a las voces de los más progresistas que apelan a no perder el tren de la biotecnología.

Sin ánimo de interferir en la postura ética de nadie, pueden desprenderse varias conclusiones. Se abre un insospechado abanico de posibilidades de solución de graves problemas gracias al avance científico y técnico; para que este avance sea integral, sin efectos secundarios sanitarios o ambientales de difícil control y solución, la investigación no debe estar presionada por la prisa histérica de la rápida rentabilización de inversiones. Este afán presiona sobre la postura ética buscando los caminos más rápidos (que no siempre son aceptables). La extensión y alcance universal de estos avances puede malograrse por un exceso de mercantilismo. Dicho en otras palabras, la sanidad no debería ser objeto del libre mercado. Sería recomendable que el poder de los Estados estuviera detrás de estas investigaciones para garantizar un avance precavido y una distribución universal de los beneficios. Pero en materia de investigación y presupuestos hace tiempo que las grandes empresas tomaron el relevo dejado por el poder público.

Por otra parte, con la clonación genética bajo sospecha no percibimos la clonación psicológica y mental a la que se tiende en la “aldea global” y de la que todos somos más o menos víctimas lo reconozcamos o no.

Manuel J. Ruiz

Licencia de Creative Commons
Estos artículos son Copyleft bajo una licencia de Creative Commons. Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor y la web fuente de la información, siempre que no sea para un uso económico o comercial. No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.