Logo Revista Esfinge Filosofía - Ciencia
Salud - Historia
Arte - Simbolismo...
Editorial NA
  Temas | Autores | Revistas | Artículos | Búsqueda Subscripción Revista Esfinge Presentación | Editorial 
Temas
Antropología
Arqueología
Arte
Astrología
Astronomía
Biografías
Biología
Ciencia
Deportes
Ecología
Esoterismo
Filosofía
Historia
Medicina
Mitología
Música
Psicología
Religión
Salud
Simbolismo
Sociopolítica
Viajes
El Nilo, río sagrado de Egipto   Comprar esta revista
El Nilo, río sagrado de Egipto
Viajes
Esfinge núm 35 - Mayo 2003
Adoración Perea
 

EL NILO, RÍO SAGRADO DE EGIPTO

Considerado por los antiguos egipcios como el eje absoluto, la ruta por excelencia, sus aguas dieron vida a una civilización que todavía hoy, después de cinco mil años, sigue asombrando al mundo.

Sus aguas proceden del Nilo Azul, que nace en las tierras altas de Etiopía, y del Nilo Blanco, una maraña de riachuelos en el Sudán Meridional y que proceden del Lago Victoria, en África Central. El Nilo Blanco se alimenta con las lluvias de la zona tropical y proporciona un caudal relativamente constante a lo largo de todo el año, aunque demediado por toda la región del Sudd, que absorbe la mayor parte del agua durante la estación de las lluvias. El Nilo Azul y el Atbara, que desemboca en el Nilo a cierta distancia al norte de Jartum, aportan un gran caudal de agua del monzón del verano de Etiopía, y proporcionan casi toda el agua del río de julio a octubre (y antes, en el propio Sudán). Este período corresponde a la época de las lluvias en la sabana del Sudán central.

En Egipto, el agua del río alcanza su nivel más bajo de abril a junio. Ya en julio sube el nivel, y la inundación empieza normalmente en agosto, cubriendo la mayor parte del valle desde aproximadamente mediados de agosto hasta finales de septiembre, lavando las sales del suelo y depositando un estrato de sedimentos que crecía a un ritmo de varios centímetros por siglo.

El Nilo es la fuente de agua más regular y predecible de todos los grandes ríos del mundo. Mide 6.650 Km., siendo el río más largo de África y de todo el mundo. Al territorio egipcio corresponden 1.100 Km. Desemboca en el Mar Mediterráneo, formando un delta.

TRANSPORTE

Desde las primeras dinastías se acometieron todo tipo de obras para mejorar la navegación: dársenas, muelles y puertos, canales para sortear los rápidos en el Alto Egipto, drenajes en los brazos del delta para poder acceder sin peligro al Mediterráneo.

Los aluviones del Nilo han alterado por completo en treinta siglos el área de su delta, que paulatinamente se adelanta mar adentro. En la antigüedad, la boca principal del Nilo se llamaba Palusiana y hasta ella llegaba desde Suez el canal del Necho, abierto por el Rey de este nombre. Después de la derrota de Antonio y Cleopatra en Accio, una parte de la flota pasó al Mar Rojo por este canal, lo que denota la profundidad que le dieron sus antiguos ingenieros.

Plinio nos describe las operaciones efectuadas para el transporte del obelisco levantado en Alejandría por Ptolomeo Filadelfo. Desde el Nilo hasta el punto en que estaba situado el obelisco se construyó un canal en el que se dispusieron dos embarcaciones con piedras de un pie de volumen, cuyo peso total era exactamente el mismo que el del obelisco. Las embarcaciones calaban lo suficiente para estacionarse debajo del obelisco, que estaba tendido a través del canal, y una vez allí se fue arrojando poco a poco el lastre, con lo que subía la línea de flotación de las embarcaciones hasta cargar sin dificultad el obelisco, que de ese modo fue transportado por el río.

LA HISTORIA NO OFICIAL

Algunas tradiciones cuentan que hace más de 75.000 años existía una vasta confederación de reinos al que algunas tradiciones llamaron más tarde “Egipto Rojo”.

En aquél entonces, todo el actual desierto del Sahara era un lecho de mar y el Nilo se vertía mucho más al Sur. El desierto era más reducido y el actual Mar Rojo era un rico valle de exuberante vegetación. Donde luego se formó el gran delta del Nilo existían grandes islas y la cercana costa europea. Tres islas estaban particularmente agrupadas, y en una de ellas se elevaba ya entonces el primitivo Laberinto, la Gran Pirámide y la Esfinge.

Mucho después, según estas antiguas tradiciones, hace unos 11.500 años aproximadamente, el último gran movimiento geológico hundía el resto del continente atlante, y se secaba el reducido mar que es hoy el desierto del Gobi. El Nilo se abrió paso lentamente sobre su propio lecho de aluvión, y el Sol secó y calcinó el antiguo fondo marino hasta hacer volar la arena impalpable y unir varios desiertos en uno de monstruoso tamaño. Después de varios siglos, el Nilo dejó de perderse en los lodazales arenosos y desembocó libremente en el Mediterráneo.

EL NILO SIMBÓLICO

Desde el punto de vista simbólico, el Nilo terrestre imita en su recorrido al Nilo Celeste o Vía Láctea. Para Egipto es el eje absoluto, la ruta por excelencia. Procede desde el “comienzo del mundo”, en función del cual uno se orienta frente al Sur. Cualquiera que sea la dirección real que tome, su curso es el meridiano que separa al Este del Oeste.

Cuando en junio se producía la primera inundación, Sirio, la estrella más brillante del firmamento meridional, aparecía sobre el horizonte.

Los egipcios decían que el Nilo crecía debido a las lágrimas que derramaba Isis por Osiris, y Plutarco afirma que las almas de las entidades divinas brillan en las estrellas: “Sirio está consagrada a Isis porque trae el agua”. La constelación de Orión que aparece justo antes que la estrella Sirio, está dedicada a Osiris.

En Egipto los mitos y símbolos de Osiris e Isis personifican metafísicamente los elementos Fuego y Agua, y físicamente el Sol y el Nilo.

El número del año solar de 365 días corresponde en su valor numérico a la palabra “Neilos” (Nilo). Era, pues, el río del tiempo. El antiguo nombre de este río era Eridanos, el Iordan hebreo, con el sufijo copto o griego antiguo. La palabra hebrea Jared (fuente, origen) del río Jordán tenía el mismo significado mítico entre los hebreos que el Nilo para los egipcios: era la fuente de la descendencia y contenía las aguas de la vida.

Osiris era el Sol y también el Nilo, así como el año de 365 días; mientras que Isis era la Luna, el lecho del río y la Madre Tierra, para cuyas energías reproductoras eran necesarias las aguas. Isis también simbolizaba el año lunar de 354 días, el tiempo hacedor de periodos de gestación.

Como dios de las aguas primordiales, el Nilo se considera simbólicamente el diámetro de la circunferencia formada por el “cinturón” del océano.

En sus orillas nace la flor del loto, símbolo sagrado representativo de Egipto. El río mismo, visto desde el cielo, parece un loto, con la flor del delta sobre el larguísimo y fino talle del valle del Nilo, y portando el capullo del El-Fayum.

El loto es el arquetipo de la ideación cósmica, el modelo para todo. Sale de las aguas primordiales brotando de los limos del Nilo, eleva su tallo a través de las aguas fecundas y alcanza el aire hasta abrirse a la luz del sol perfumando su entorno. Es la representación ideal del ser humano que con sus pies en la tierra eleva su espíritu al infinito. La semilla del loto simboliza el “huevo del mundo” porque en ella la futura planta en miniatura incluye todas las potencialidades de infinitas plantas. Una sola semilla sería capaz, en condiciones ideales, de llenar el mundo.

EL NILO Y LA RELIGIÓN

Toda la tierra de Egipto estaba cubierta de templos que se hallaban a la orilla del Nilo, y cada ciudad honraba particularmente a una divinidad, y el Nilo es el unificador de todos ellos. En el mito osiriano, el Nilo es el que transporta el sarcófago de Osiris, que se detiene en Byblos.

El Buey Apis nació de un rayo de fuego que cayó sobre sus aguas, y Thoth hizo al primer hombre con barro del río sagrado, sobre un torno de alfarero.

Hapi, espíritu del Nilo, es verde y azul como sus aguas, y muestra su aspecto de batelero o pescador. Su vientre abultado parecía sugerir las buenas comidas y sus senos prominentes, la fecundidad. Residía en una gruta cerca de la primera catarata, y desde allí regulaba la crecida de las aguas.

Sebek, el cocodrilo, es símbolo de la creación. Representa la “séptima alma”, el “vidente invidente”. El cocodrilo físico, material, aparece en la ribera del Nilo cuando las aguas de la inundación empiezan a retroceder y nacen las primeras plantas.

Tal vez desde siempre se eligió la costa occidental del Nilo como lugar de enterramiento. Reflejo de la magnitud e importancia de las necrópolis son las grandes ciudades de los muertos: junto a la simbólica Montaña Occidental o Montaña Roja, en los acantilados, existen millares de tumbas de todas clases, desde las dedicadas a los grandes faraones a las de las personas más humildes.

LOS TEMPLOS DEL NILO

Son numerosos los templos que se encuentran a lo largo de las orillas del Nilo.

En la década de los sesenta del pasado siglo muchos templos de la región de Nubia, al sur de la primera catarata, fueron trasladados a nuevos lugares en un gesto de colaboración internacional sin precedentes en la historia de la Arqueología. De esta forma se salvaron de las aguas del lago Naser durante la construcción de la presa de Asuán. El templo de Debod, en Madrid, el de Tafa en Amsterdam, el de Dendur en Nueva York, son algunos de los regalos del gobierno egipcio a diferentes naciones por su colaboración.

Abú Simbel, construido en el reinado de Ramsés II, es una muestra de la gigantesca obra realizada; al ser trasladado, bloque a bloque, hasta su nuevo emplazamiento en una colina cercana. Su trazado hace que en el solsticio de verano el primer rayo del Sol penetre hasta el fondo del santuario iluminando a tres de las cuatro estatuas erigidas en el fondo: Ptah, Re-Harakhty, Amón-Ra y el mismo Ramsés.

Asuán fue la primera ciudad del país al norte de la actual frontera. Cerca están las islas Elefantina y Filé, con su templo dedicado a la diosa Isis. Allí se refugiaron los últimos sacerdotes, guardianes de la sabiduría egipcia, cuando en 535 Justiniano persiguió el último foco de paganismo antiguo.

Siguiendo el curso del río se llega a Kom Ombo. Su templo se alza sobre un promontorio en una curva del Nilo y está dedicado a los dioses Sobek y a Horus, el Mayor (es el único templo de Egipto con santuario doble y con dos entradas o portales que dan al río). Fue construido por los Ptolomeos sobre un antiguo santuario.

Más al norte llegamos a Edfú, donde se encuentra uno de los templos mejor conservados dedicado a Horus. En la cara interna del pilono oriental hay una detallada descripción de la Festividad de la Reunión: una vez al año y durante trece días se celebraba la unión de Horus y Hathor, diosa que era trasladada en una embarcación a lo largo del Nilo desde su templo en Déndera. Multitud de peregrinos la seguían a pie por las orillas del río o en pequeñas embarcaciones. Músicos, bailarines y una ruidosa comitiva hacía sonar sistros, crótalos y panderetas para celebrar la sagrada reunión.

Río abajo llegamos a Luxor, la que fue gran ciudad de Tebas, capital del Imperio Egipcio durante casi un milenio. Su templo fue dedicado a la gloria de Amón-Ra y en su interior se guardaba la sala de la Barca, vehículo que simbolizaba el cambio de dimensión: decorada con figuras de dioses, supuestamente permitía navegar por el Nilo Azul del cielo estrellado. Frecuentemente velada por cortinas semitransparentes, a su alrededor ardía incienso y diferentes resinas en pebeteros, para dar la sensación de aguas volátiles.

Este templo estaba unido al de Karnak por un camino empedrado, flanqueado por efigies con cabeza de carnero, y entre ambos se desarrollaba la gran ceremonia de la Barca y en cuyo cortejo participaban Amón-Ra y las deidades Mut y Khonsú.

El de Karnak es quizás el templo hipóstilo más grande del mundo y está considerado como uno de los monumentos más bellos que Egipto haya legado a la posteridad. En la antigüedad tenía un muelle y a través de un canal se unía al Nilo.

Siguiendo la corriente del Nilo, y dejando atrás Déndera, dedicado a la diosa Hathor, donde se celebraban los misterios del nacimiento del orden cósmico y lugar donde se halló el famoso zodíaco, llegamos a Abydos, centro religioso de mayor veneración popular y donde se encuentra el santuario de Osiris.

Según las tradiciones, todo el misterio de Egipto reside en este lugar, donde se celebraban los rituales de muerte y resurrección y donde sigue durmiendo la momia de Osiris.

El río nos lleva suavemente hasta El Cairo, actual capital de Egipto, y donde un poco al Sur, se encontraba Menfis, fundada por Menes y hoy desaparecida por completo. Fue el centro administrativo y religioso del Bajo Egipto, su puerto y sus talleres tuvieron un importante papel en el comercio exterior. En sus alrededores se encuentran los monumentos más famosos de la antigüedad: las pirámides y la Esfinge.

Así, el Nilo se abre generoso en multitud de brazos para derramar su agua en el mar, después de bañar y fertilizar una tierra a la que dio vida durante miles de años.

Hidráulica

En el reinado de Menes (hace más de 5.000 años), se llevó a cabo la gigantesca empresa de desviar el curso del Nilo, o mejor dicho, de sus tres brazos principales, de modo que bañase la ciudad de Menfis. Menes calculó exactamente la resistencia que era preciso vencer y construyó un dique, cuya imponente fabricación y enormes muros de contención desviaron las aguas hacia el Este, dejando el río encauzado en su nuevo lecho.

Herodoto nos ha legado una poética y fiel descripción del lago Moeris. Afirma el historiador que el lago medía 540 millas de circuito por 300 pies de profundidad, y lo alimentaba el Nilo mediante canales que derramaban parte de las aguas procedentes de las inundaciones anuales, con objeto de aprovecharlas para el riego en muchas millas a la redonda. Había en el lago, muy hábilmente construidas, sus correspondientes compuertas, presas, esclusas y máquinas hidráulicas.

De 1849 a 1902 de nuestra era se construyó la primera presa de Asuán, que permitía una reserva de 900 millones de metros cúbicos. Gracias a dos nuevas elevaciones (en 1912 y 1924) su capacidad de retención pasó a 2.400 millones, y luego alcanzó los 5.300 millones de metros cúbicos. Pero se seguía perdiendo mucha agua y para conservar estas masas perdidas se proyectó y se puso en ejecución la presa alta de Asuán, bautizada como “la gran Pirámide del siglo XX”. La presa de Said Al-Alí ha requerido 42`7 millones de metros cúbicos de materiales diversos y esta monumental obra puede retener los 157.000 millones de metros cúbicos que llega a tener el lago Naser.

Regadío

En la antigüedad la inundación anual entre los meses de julio y octubre cubría la mayor parte del valle y del delta, y con los debidos cuidados, el agua depositada creaba las condiciones necesarias para producir la cosecha. Después de que bajaba el nivel del agua se sembraban las cosechas principales.

Las precipitaciones arrastraban enormes cantidades de tierra que contenía material volcánico muy rico en sustancias nutritivas, que fertilizaba las tierras inundadas. La protección de estos diques era de tal importancia que una fuerte guardia de caballería e infantería estaba siempre presente. En cada templo había un nilómetro, donde se medía el nivel de las aguas.

Alimentación

El Nilo no sólo servía para aportar agua y fertilizantes a los campos de cultivo, sino que todo él era una fuente inagotable de recursos. En sus aguas se pescaban -con caña, nasa y redes de arrastre- percas, mújoles, barbos y otras especies comestibles, e incluso se montaron piscifactorías de carpas aprovechando los estanques de los jardines.

A sus orillas crecía salvaje el papiro, materia prima para la industria papelera y naval. Y sobre sus cielos volaban bandadas de aves migratorias que los egipcios, escondidos entre la maleza, capturaban con redes.

Las cosechas principales eran de tipo cerealista: escanda para hacer pan y cebada para fabricar cerveza. El trigo fue introducido en el periodo grecorromano. Se daban también legumbres, como lentejas y garbanzos; hortalizas, como lechugas y cebollas; frutas, especialmente dátiles; cierta cantidad de forrajes para los animales y plantas de las que se obtenía aceite, como el sésamo.

Bibliografía:

Tebas. Jorge Ángel Livraga

La Doctrina Secreta. Tomos III y IV. Helena P. Blavatsky

Misterios Egipcios. Lucien Lamy

Los Nueve Libros de la Historia. Herodoto

Dioses y Símbolos del Antiguo Egipto. J. García Font

Simbología Arcaica. Mario Roso de Luna

Egipto. Dioses, Templos y Faraones. J. Bines y J. Malek

Isis sin Velo. Tomo II. Helena P. Blavatsky.

Adoración Perea

Licencia de Creative Commons
Estos artículos son Copyleft bajo una licencia de Creative Commons. Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor y la web fuente de la información, siempre que no sea para un uso económico o comercial. No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.