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La Sábana Santa
Religión
Esfinge núm 52 - Diciembre 2004
José Manuel Escobero
 

LA SÁBANA SANTA

A la Sábana Santa se la ha sometido a más de 500 análisis de todo tipo, sin que ninguno de ellos haya demostrado un engaño. Además el lienzo posee actividad radiactiva.

La Sábana Santa, Sudario, Síndone o Mandylión, es un lienzo de lino que actualmente se encuentra en Turín, propiedad del Vaticano, y que es venerada por los fieles católicos en tanto creen que envolvió a Cristo en el Santo Sepulcro.

En 1980 saltó a la luz la polémica sobre su autenticidad. Tres laboratorios(1) de reconocido prestigio la dataron mediante la técnica del Carbono 14, obteniendo una antigüedad máxima que la remontaba a los años 1230 - 1390 de nuestra era. ¿Implica eso que la Sábana Santa es una hábil falsificación medieval?

LA SÁBANA SANTA

Este lienzo de 4'32 - 4'36 m de largo por 1'10 m de ancho tiene una historia conocida desde que un tal Godofredo de Charny la saca a la luz, en Lirey, Francia, convencido de su autenticidad, aunque sin poder explicar cómo llegó a sus manos. Que los lienzos sepulcrales de Jesús surgieran en un pueblecito de Francia, en el año 1356, llamó la atención del Vaticano, que inmediatamente personó sucesivamente a dos especialistas que, justo es decirlo, negaron la autenticidad del lienzo. Pero de uno se sabe que, probablemente, jamás llegara a verla, y el testimonio del otro nos describe un Sudario idéntico al que hoy se conserva, y en donde, por cierto, apenas se distingue nada. Para él, era por ello una "mala falsificación".

Históricamente hay pruebas suficientes para asegurar la pervivencia de la mortaja de Cristo a lo largo de los tiempos. Aunque los primitivos cristianos, fuertemente judíos, tenían como tabú la manipulación de cualquier objeto que pudiera haber estado en contacto con un cadáver, es probable que en este caso sí lo conservaran. A través de distintos puntos del Mediterráneo Oriental (Pella, Edesa, etc.) pasaría a Constantinopla. De todos estos pasos existen referencias históricas, menciones y representaciones artísticas. Por ejemplo, Justiniano acudió a Palestina en el siglo VI a "...medir el cuerpo de Cristo".

En Constantinopla es constante la mención a un lienzo con el rostro de Jesús, el Mandylión, desde el año 1092 hasta el saqueo de la ciudad durante la IV Cruzada, en 1247, donde desaparece de Sta. María de Blanquerna.

Hoy se han desempolvado numerosos escritos que hacen referencia a que este Mandylión era en realidad una tela muchísimo más grande, de las dimensiones de la Sábana de Turín(2). Pero la falta de evidencias en este sentido llevó a los especialistas en Sindonología (la ciencia que estudia la Síndone de Turín) a trabajar con métodos de la ciencia forense.

La historia no demuestra la autenticidad del Santo Sudario, pero no lo niega, y abre la posibilidad, lo cual es mucho más interesante, de que sí lo sea. Analicemos una por una las principales evidencias científicas sobre la autenticidad o no de la Sábana. La tela

La Sábana Santa es un lienzo de lino, con restos de algodón entre los hilos, tejido mediante la técnica de sarga de cuatro en espiga, o "espina de pescado". Es un paño de una calidad soberbia, muy fino, de 234 gr/m2. En realidad son dos piezas, una de las cuales mide 8 cm y aparece cosida a la izquierda. Le faltan dos extremos (¿posibles recuerdos o intercambios de reliquias?; también hay constancia histórica de esta posibilidad). La única finalidad de esta tira parece ser la de centrar la imagen.

En Europa no había telares que tejiesen este tipo de tela a mediados del s. XIV, técnica que sólo se usó a finales de ese siglo. El lino era prácticamente desconocido, y el algodón apenas se trabajaba. Sin embargo, ésas son las características de las telas que se tejían en Oriente Próximo en el s. I.

La tela fue lavada con extracto de palo jabón, una planta rica en saponina, compuesto altamente fungicida que contribuyó a la preservación a lo largo de años de la Síndone.

Sobre la tela aparecen impresionadas tres tipos de manchas:

- Chamuscaduras: la Sábana sufrió, al menos, dos incendios conocidos (1510 y 1532). En el último, el relicario de plata donde se conservaba llegó a fundirse en parte, y las gotas atravesaron el paño. Notemos que la plata se derrite a 960 ºC. El agua utilizada para sofocar las llamas dejó una impronta también visible. Los trozos de lienzo perdidos fueron zurcidos con tela de repuesto por las monjas clarisas, aunque al parecer se han retirado después de la última exposición de la Sábana.

- Sangre: aunque debería ser verdosa después del tiempo pasado, ciertas manchas ocres denotan la presencia de sangre por toda la superficie de la Sábana.

- Una figura humana, de rasgos muy desvanecidos, de la que nos ocuparemos más adelante.

LA HIPÓTESIS ICONOGRÁFICA

Las primeras investigaciones destinadas a confirmar la autenticidad del Santo Sudario incluyeron la interesante teoría que afirma que el florecimiento y uniformidad de los retratos de Jesús en el arte bizantino se debe a que hubo un modelo que imitar: el rostro de Jesús, tal y como aparece en la Sábana.

De hecho, es cierto que a Jesucristo se le representó muy deforme y bastante feo. Ojos saltones, barba hendida, nariz torcida, incluso cojo. No cabe imaginar cómo unos artistas destinados a ensalzar la figura del Mesías se atrevieron a representarlo tan "poco agraciado", a no ser que tuviesen delante una figura considerada como auténtica imagen de Cristo, en donde su efigie fuese, en efecto, grotesca. Esa imagen no sería otra que el Mandylión de Constantinopla, es decir, la Sábana que hoy conocemos, doblada de manera que sólo quedase expuesto el rostro que en ella se contiene.

En medicina legal se considera que dos imágenes son de una misma cosa cuando comparten unas 40 características comunes. Los iconos bizantinos y el rostro de la Síndone tienen más de 150 coincidencias. En el "Trémisi" de Justiniano, esas coincidencias se elevan a 180.

EL POLEN

Emitido por las flores de las plantas, no suele esparcirse más allá de 8 km de su fuente emisora. Max Frei, palinólogo suizo y experto de la Interpol, dio a conocer en 1976 un estudio realizado con el polen arrancado a la Sábana en pequeñas tiras de celo que adhirió por toda la superficie de ésta.

Además de 12 especies europeas comunes, encontró 9 tipos de pólenes de especies vegetales endémicas(3) de la zona turca (recordemos la visita del Sudario a Constantinopla y Edessa), e incluso 8 pertenecientes a plantas palestinas.

En 1978 completó su investigación, alcanzando el número de 48 especies cuyos pólenes se habían depositado sobre el Sudario. Las tres cuartas partes de los mismos pertenecían a plantas de la franja de Palestina, 13 de ellas exclusivas del Mar Muerto, algunas extintas desde el s. I de nuestra era, y a las que hubo de identificar recurriendo a los sedimentos fósiles de los lagos de Genezaret y del propio Mar Muerto.

El Doctor Ghio, de Zurich, repitió y comprobó los datos. Actualmente, además de polen, se han estudiados los ácaros presentes en la tela, justificando y ratificando de nuevo los resultados.

Recapitulemos un poco antes de continuar: ¿un falsificador medieval que acude a los peligrosos santos lugares en pleno siglo XIV, para adquirir una tela similar a la que pudo usarse en el entierro de Jesús, y a la que espolvorea polen y ácaros (que se descubrirían 500 años después al microscopio) de la zona, algunos de ellos desenterrados de estratos geológicos pretéritos...?

LA DOBLE FIGURA

El piadoso abogado Secondo Pía fue el primero en solicitar permiso para tratar la Sábana Santa en los albores de 1898 con un revolucionario descubrimiento de la época: la fotografía. Con el permiso concedido, este hombre montó un aparatoso sistema de impresionado que incluía negativos casi de tamaño natural para recoger una imagen de la Sábana con calidad. Cuando los reveló, no pudo contener un grito. La imagen casi imperceptible del Santo Sudario se volvía nítida y precisa en sus placas, porque las imágenes frontal y posterior del cuerpo que se adivina en la Sábana estaban impresas en realidad... en negativo.

El cuerpo de la Síndone está impreso por una serie de manchas muy difusas. A 20 cm casi no se distinguen, y a unos 10 cm de la tela no se aprecia imagen alguna.

Experimentos al microscopio demuestran que la imagen sólo cubre las microfibrillas más externas de los hilos más externos de la tela. Algo así como las moléculas más superficiales de la celulosa del lino. No empapa, como la sangre, por lo que no puede ser pintura. Tampoco se ha encontrado señal alguna de colorante, imprescindible en todo tinte(4). La imagen, como inconcebible pintura, rompe todos los cánones de ésta. No hay señales de contorno, ni inclinación natural del artista. No tiene iluminación, y parece ser frontal e irradiar desde sí misma. Es una pintura que no se ha descascarillado ni alterado por los pliegues, la edad o el calor de los incendios que sufrió. No hay líquido, no hay capilaridad, y la única explicación a su impresión consiste en "un viraje químico de la celulosa de los hilos de lino", provocado momentáneamente y que produjo una desecación de la misma.

Pero lo más extraño es que la imagen está en negativo. Ese halo fantasmal que se contempla mucho mejor desde lejos (unos 2 m), cobra una fuerza y una rotundidad indecibles al ser contemplado el negativo de su foto. La imagen está impresa "al revés" de como solemos visualizar algo.

Como negativo, la luz proyectada es perpendicular a la superficie de la tela, y emergió del cadáver. De todo él, incluyendo pelo y uñas. Por ello, la impresión en el lienzo de la imagen depende de la distancia del cuerpo que envolvió la Sábana a la superficie de ésta, ya que el pelo sí aparece en su color natural. Como la intensidad es la misma por delante que por detrás, y la imagen de espalda, glúteos y muslos no está aplanada, el cuerpo carecía de peso en el instante de la "foto". Permanecía ingrávido.

LA SANGRE

Una sangre de 2.000 años debería ser verdosa, por el proceso natural de descomposición. Sin embargo, tiene color herrumbre. Estas manchas, que sí aparecen en positivo, cubren el cadáver completamente, por delante y por detrás.

Adler sometió las manchas a 14 experimentos que demostraron sin lugar a dudas que eran sangre. Se han hallado proteínas del suero sanguíneo, hemoglobina alterada y antígenos M, N y S, idénticos a los de los judíos yemeníes actuales. Por fin concluyó que se trataba de sangre de tipo AB.

Pero las manchas de sangre encierran un misterio mucho mayor. Cuando el cuerpo se envolvió en el lienzo, metiéndolo dentro como en una pinza, los coágulos estarían en su mayoría secos. Sólo la sangre post mortem que surgió de las heridas abiertas en manos y pies, y principalmente en el costado(5), iba acompañada del suficiente suero como para ser líquida. Una sangre así no empaparía la tela.

Sin embargo, se ha demostrado que las condiciones de humedad ambiente del sepulcro volverían esa sangre seca, si no líquida, al menos lo suficientemente fluida para que se "colase" entre los hilos de la Síndone sin empaparlos, cosa que fue lo que ocurrió. Este fenómeno, denominado fibrinolosis, está constatado en medicina legal, y sucede, curiosamente, a las 30 - 36 h. de envolver un difunto; 24 - 40 h. en los casos más extremos. Posteriormente, la sangre se licúa e impregna la tela.

Por cierto, los cadáveres eran acicalados antes de recibir la definitiva sepultura. Con éste no se siguió el procedimiento habitual. Fue como una inhumación "provisional". Recordemos que a Cristo lo ejecutaron en vísperas del Sabatt, donde no se podía trabajar.

Así que tenemos un cadáver con sus coágulos semidiluidos impregnando la tela que lo envuelve. Los bordes de las manchas de sangre son precisos, perfilados. ¿Cómo retiramos el cadáver sin romper esas bonitas imágenes, sin que las manchas presenten bordes chafados o rasgados? La única explicación fue dada por Jumper y Jackson. El cuerpo, simplemente, desapareció del interior del lienzo.

MONEDAS

Costumbre era entre los judíos y otros pueblos acompañar al difunto con monedas o similares para "pagar" al barquero el paso al otro mundo, a veces depositadas sobre los ojos para evitar su apertura.

El cuerpo de la Sábana posee unos ojos muy hinchados. Aumentando la zona, el Padre Filas descubrió la silueta de dos monedas, cuyos relieves e inscripciones delatan que fueron leptones acuñados por Pilatos, alrededor del año 30 de nuestra era.

EL SUPLICIO

La muerte del hombre que envolvió la Sábana fue desacostumbradamente atroz. Si bien la muerte por crucifixión es ya un auténtico infierno de dolor, con el cuerpo que nos ocupa se aplicaron otros procedimientos inusuales y sádicos. Permítanme describir sólo un poco los detalles de esta cruenta ejecución.

Para empezar, fue azotado sistemáticamente. Más de 120 marcas de 6 bolitas cada una aparecen repartidas con profesional regularidad por todo el cuerpo. Como un 30% del mismo no aparece impreso, es de suponer 150 marcas por 6, aproximadamente 1.000 impactos del “flagelum taxilatum”, instrumento de tortura romano dotado de tres correas al final de las cuales se anudaban dos bolas o huesecillos destinados a aplastar y rasgar la carne del reo. Un judío, –según la sangre y el tipo de peinado–, azotado por romanos, dado que los judíos no podían pasar de 40 azotes. Sólo en la zona del corazón no se observan marcas. No interesaba comprometer una parte tan sensible, y que el reo muriera antes de acabar con él, de infarto.

La cara aparece atrozmente desfigurada. Con una corona en forma de capacete (corona oriental, no europea) de espinos, más de 50 marcas de pinchazos pueden observarse en la cabeza. Llama la atención uno en forma de 3 invertido sobre la frente (muy común en los pantocrátores como un rizo o mechón de pelo).

La nariz está rota, mediante un bastonazo dado de derecha a izquierda por un zurdo, con un palo de entre 4 y 5 cm de diámetro.

Colgando del ojo aparece un escupitajo. La barba derecha está semiarrancada, y se nota una abundante emanación de sangre que surge de la nariz y chorrea barbilla abajo.

El reo tuvo que acudir al cadalso con el patíbulum (palo horizontal de la cruz) sobre sus hombros, y con la corona de espinas puesta. Sólo eso impediría que el roce con la madera amalgamara la sangre en la nuca. Inclinado sobre el hombro derecho, el extremo libre de la cuerda estaría atado a la pierna izquierda, a una zona donde no se ven los azotes (que la cuerda borraría con el roce). Ello inclinaría el palo a la izquierda, y obligaría al hombro derecho a tirar de él. Las heridas son más altas en esta parte, con un ángulo de unos 20º.

Amarrado de manos y pie, los tirones de la cuerda de presos lo harían caer. Cayendo desde 1'80 m de altura, con un palo de unos 45 kg en los hombros, con las manos sujetas, y sin poder protegerse. Barro en el interior de la sangre de cara, rodillas y pies (caminaba descalzo) lo atestiguan.

La crucifixión se realizó por las muñecas, con clavos cuadrangulares de 8 mm en el espacio de Destot. Por la palma, tal vez se hubiera caído (hay especialistas que difieren en este sentido). A través de los huesos de la muñeca, el clavo seccionaría el nervio del pulgar (por eso no se ven en la Sábana).

Al parecer, las manchas irregulares de la muñeca derecha nos dicen que tuvieron que sacar y meter el clavo varias veces, hasta dar con el lugar justo.

Los pies fueron clavados no por los tobillos, sino izquierdo sobre derecho, con un solo clavo. En la Síndone figuran en la planta de este pie los dedos de quien transportó el cuerpo desde la cruz al sepulcro.

LA MUERTE

La muerte en la cruz sobreviene por asfixia. El reo, colgado de los brazos, presiona el diafragma contra los pulmones y debe auparse, apoyándose en las heridas de pies y muñecas, para aspirar un poco de aire, justo antes de desmayarse de dolor, dejándose caer de nuevo para repetir la operación tantas veces como su fortaleza le permita. Generalmente, durante dos o tres días. En el caso que nos ocupa, con un tormento al que los crucificados no eran sometidos (si iban a morir, no se les azotaba ni escarnecía antes), el prisionero estaba prácticamente desangrado y exhausto.

La herida de lanza, que penetra entre la 5ª y 6ª costilla del lado derecho, perforó la aurícula del corazón, surgiendo una colada de suero y sangre seca, propia de un cadáver, del único lugar donde queda sangre en un cuerpo muerto. Normalmente se le hubieran roto las piernas para acelerar la asfixia. No hubo que hacerlo. La muerte en el reo era obvia. El rigor mortis de las piernas y las manos así lo atestiguan también.

CONCLUSIÓN

Si me he explayado más de lo supuestamente necesario en los detalles del tormento, sólo ha sido para corroborar la imposibilidad de la falsificación. Examinemos una vez más. Un supuesto falsificador que rebusca un tipo de tela similar a la que pudo envolver a Cristo, y sobre la que rocía polen siglos antes de que se descubra qué diantre es eso. Un falsificador que pinta una imagen en negativo, sin la más remota idea de lo que supone la fotografía. Un falsificador que recoge sangre de judío, sin conocer los grupos sanguíneos, y la distribuye sabiamente por el lienzo, denotando unos conocimientos de anatomía infinitamente impensables en el s. XIV. Un falsificador que desentierra monedas de la época, que representa una corona de espinas y unas llagas de la crucifixión distintos de los usualmente representados por la tradición...

A la Sábana Santa se la ha sometido a más de 500 análisis de todo tipo, sin que ninguno de ellos haya demostrado un engaño. Sólo el C14 está en disonancia con este amplio abanico de pruebas. Contando que más del 10% de la Sábana es materia externa, contaminante, y un error del 5% en las mediciones invalidaría el análisis de este método, no es extraño que el propio inventor del Método del C14, el Doctor Libby, dijera que si hay un objeto al que sea imposible de aplicar este método, ese objeto es la Sábana Santa.

Como científicos, no debemos plantearnos la invalidación de los datos por el resultado de un solo experimento. El problema no está en cómo justificar la fenomenología que la Sábana Santa demuestra, siendo una tela del s. XIV, sino lo contrario, es decir, cómo este lienzo contemporáneo de Jesús posee una actividad radiactiva del s. XIII. Al misterio de la imagen, y de cómo fue impresa, cuestión que aún no ha sido contestada, se le añade la intervención de la energía atómica, la única que pudo haber rejuvenecido la tela. Parafraseando al P. Manuel Solé, el milagro no es que esta tela envolviera a Jesús de Nazaret, sino que no lo hubiera hecho.

Reconociéndome como no católico, ni siquiera como cristiano, es obvio para el que escribe que la Sábana Santa encierra un misterio verdaderamente notable. El cúmulo de pruebas a favor de su autenticidad es enorme, y que el C14 no la haya datado en los albores de nuestra edad, que era lo que todos los seguidores de este fenómeno esperábamos, no hace sino agregar otro misterio. La fidelidad del sufrimiento y muerte del hombre al que envolvió la Síndone, las pruebas forenses aplicadas, y el hecho de que una misteriosa energía emanara de un cuerpo cadáver (sangre coagulada surgida de la herida del costado), aproximadamente a los tres días de ser sepultado (proceso de fibrinolosis), mientras el cuerpo permanecía ingrávido (homogeneidad de la impresión de la imagen), para a continuación desaparecer (bordes de las manchas de sangre), nos hablan de realidades que están, por ahora, lejos del alcance de nuestra comprensión. Toda una fenomenología parapsicológica se abre ante nuestros ojos, y estoy totalmente de acuerdo en que la Ciencia investigue una prueba fehaciente de que, al menos en este caso, el límite entre lo creíble y lo imaginable es mucho más borroso de lo que a veces pretenden hacernos creer.

Para mí, la Síndone de Turín es una muestra evidente de hasta qué punto el mundo de lo material y lo espiritual están entrelazados. De cómo es cierto que a veces sus límites se solapan. De cómo en el ser humano están presentes potencialidades que aún no han sido concebidas o mensuradas por la Ciencia. De cómo esta Ciencia, en el albor de un nuevo siglo y una nueva era, caso impensable algunos siglos atrás, puede reafirmarnos en nuestros credos particulares y arrojar un poco de luz en ámbitos del saber donde, no hace mucho, estaba prohibido encender la más pequeña vela.



Notas

1 - La universidad de Oxford, con un equipo dirigido por el doctor Hall; el Instituto de Tecnología de Zürich, coordinados por el doctor Wolfli; y la Universidad de Tucson (Arizona), bajo la supervisión de Damon. Los tres, a su vez, estaban bajo la dirección de Michel Tite, del Museo Británico.

2 - Por ejemplo, se conserva una carta fechada el 16-8-944 del archidiácono de Sta Sofía, que afirma que en el Mandylión pudo ver "la sangre y el agua del costado" de Jesús. Ian Wilson, catedrático de Historia de la Universidad de Oxford, descubrió un cáliz de plata siríaco del s. VI con una representación de la Sábana Santa.

3 - Un endemismo es una especie animal o vegetal que sólo se da en una región muy determinada del planeta, generalmente poco extensa.

4 - Durante la investigación, McCrone se hizo famoso por anunciar que había detectado hierro, pigmento muy común en muchos tipos de pintura. Posteriormente se demostró que ese hierro era hierro hemoglobínico, procedente de la sangre del Sudario, tremendamente abundante, y que McCrone sólo usó la noticia para obtener publicidad personal. Fue amablemente invitado a abandonar el STURP, o grupo de científicos que estudiaba la Sábana Santa. Curiosamente, fue también el que anunció a los periódicos que la fecha del C14 para la Síndone era la época medieval, sin haber recibido los códigos secretos que hacían el análisis imposible de prejuiciar.

5 - Sangre que surge en coágulos y suero, sólo presente en cadáveres, y que aflora por gravedad al cambiar el cuerpo de posición al ser desclavado de la cruz y colocado en posición horizontal para su transporte. Sangre, en fin, que demuestra que el cuerpo era el de un cadáver.

José Manuel Escobero

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