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Como tantas veces
hemos hecho y seguramente haremos en el futuro, nuestra mirada se ha vuelto
hacia el Egipto antiguo, con la esperanza de correr un poco más
el velo de sus enigmas. Esta vez la arqueología ha recuperado su
protagonismo y nos ofrece nuevos datos, nuevos hallazgos, tal como reseña
nuestro colaborador Juan Adrada en su documentado trabajo.
Parecía que se sabía casi todo de la majestuosa civilización
del Nilo, que apenas si quedaban por descubrirse pequeños matices
de su historia y de su visión del mundo, y ahora se nos dice que
apenas un tercio de los secretos que guarda la memoria del pasado ha salido
a la luz. En ese sentido, las palabras del director egipcio de las excavaciones
de la meseta de Gizeh parecen anunciar un futuro lleno de sorpresas sobre
aspectos trascendentales sobre los cuales todavía la investigación
laboriosa y paciente no ha podido manejar pruebas suficientes.
Buenas noticias pues, para quienes hemos aprendido de tantos sabios
de la humanidad a beber en las ricas fuentes de los misterios de la sabiduría
egipcia, uno de los cuales sigue siendo la atracción potente que
ejerce sobre tantos espíritus sensibles, de tal manera que como
dijo acertadamente un sabio de nuestro tiempo, el profesor Livraga Rizzi,
más que un lugar en el tiempo y en el espacio, "Egipto es
un estado de conciencia".
Frente a las versiones distorsionadas que la cultura de masas ha difundido,
llegando a mancillar el nombre de Imhotep, uno de los más grandes
sabios, como ha hecho la execrable versión cinematográfica
reciente de "La Momia", las noticias de las nuevas investigaciones
históricas y arqueológicas nos presentan un Egipto vivo
y luminoso, que nos sigue admirando en su grandeza. Y nos alegra que se
pueda comprobar de forma científica lo que nos decía el
corazón.
Como no es la primera
vez, ni será la última sin duda, que abordamos en nuestras
páginas el viaje interior hacia la tierra de las pirámides,
estamos en condiciones de asegurar que el interés por la civilización
del Nilo desborda la mera inquietud cultural, hasta llegar hasta los ámbitos
más antiguos de nuestra alma y quién sabe si de nuestros
recuerdos. Quizá por ello, su historia nos resulta tan fascinante,
porque conociéndola sabemos algo más de la nuestra.
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