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Noviembre 2001
Dossier
El misterioso sentido del Tao -Leer-
El origen de las cosas, Camino y Ley Universal. Un camino que todos transitamos hasta ser reabsorbidos en el Tao original. Su realidad unitaria está latente en todas las cosas.
Miguel Ángel Bellver

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Sumario

Blavatsky, un largo viaje a lo desconocido
En forma de sucesión anual de hechos, se nos presenta la agitada y prolífica vida de la viajera e investigadora Helena Petrovna Blavatsky.
Maribel Pérez Román y Laura Mendoza Quesada.

Unamuno y su otro -Leer-
El misterio que existe en la vida de Unamuno sobre la presencia de un daimon que, como a Sócrates, le dicta ideas, es contado por el mismo don Miguel. Lo llama El Otro. Es su segunda personalidad.
Arturo del Villar.

Alma y Cuerpo. La conversión Psicosomática -Leer-
Las emociones del alma se reflejan en nuestro cuerpo a través de alteraciones somáticas. Por otro lado, los conflictos del mundo interior a veces con expresiones corporales. Entre el alma y el cuerpo hay un lenguaje cuyo mecanismo podemos interpretar.
Paloma de Miguel.

Las mezquitas de Scheherezade -Leer-
Toda la belleza de los templos musulmanes, cuyo centro es el corazón del creyente, hechos a imagen de la obra del Universo, entrelazando la luz y la materia..
José Carlos Fernández

Alejandro el Grande -Leer-
Un personaje que levantó pasiones y las sigue levantando. El gran caudillo y hombre genial se sobrevivió a sí mismo dejando tras sí una leyenda que aún no ha encontrado su final.
Mª Dolores Fernández Fígares
Algoritmos conscientes, el ojo infinito del alma
¿Puede una máquina pensar? Un instinto natural nos induce a considerar desproporcionada la comparación de la máquina con el hombre, aún cuando nos supere en procedimientos técnicos o mecánicos. Muchos científicos y teóricos de la inteligencia artificial afirman que algún día los computadores podrán llegar a pensar por sí solos, a tener consciencia.
Paul Britos
Editorial

Hemos querido ofrecer un mensaje en nuestra portada, guardado en un símbolo, de los más antiguos y enigmáticos que ha recibido en herencia la Humanidad, a través de la civilización china. Como solemos reiterar a menudo, los símbolos son capaces de transmitir conceptos profundos y ricos en matices, de tal manera que resultan esenciales para comprender los ritmos del conocimiento, las variadas formas de interpretar la realidad, sobre todo cuando se trata del universo invisible, habitado por las ideas, por los pensamientos, hechos visibles y comprensibles de una especial manera, gracias al lenguaje simbólico.

De toda la inmensa y rica herencia que hemos recibido de imágenes cargadas de sentido, evocadoras de las verdades atemporales, quizá el del Tao sea de los más antiguos y enigmáticos, recuperado para la tradición filosófica por Lao Tsé en la China del siglo VI a.C. Fue aquél en verdad uno de esos momentos privilegiados en el que florecieron en diversas partes del mundo almas grandes que nos dejaron enseñanzas imperecederas, verdaderas claves de sabiduría para conocernos a nosotros mismos, el universo y los dioses, que diría el oráculo de Delfos.

La armonía de los contrarios, el movimiento y el cambio incesante, el equilibrio, el sendero de la vida una, la serenidad de la concentración en las verdades del ser interior, son conceptos que el Tao nos transmite, condensados en una figura que parece sintetizar toda la sabiduría del Universo. Los sabios chinos que elaboraron un símbolo tan sencillo y a la vez tan complejo, sin duda supieron captar los ideales de concordia que deberían presidir la vida de los hombres y servir de clave para interpretar las realidades del mundo manifestado. Recogieron además en condensadas frases aparentemente simples toda la luminosa reflexión de una manera de concebir el mundo que nos parece ahora más necesaria que nunca.

El Tao de nuestra portada también encierra todo un conjunto de aspiraciones de quienes hacemos Esfinge, seguros de las compartimos con muchos buscadores como nosotros. A través del sobre todo que la Humanidad encuentre los caminos de la concordia y la armonía en la diversidad, que el conocimiento, siempre liberador, sirva para trazar los senderos necesarios, que llevan al centro de nosotros mismos, que es donde nos encontramos con todo lo que nos une, por encima de las diferencias aparentes.
El mensaje del Tao nos evoca la unidad de todos los seres, o mejor, el sendero que lleva a la Unidad. Las disputas, las continuas diferencias y antagonismos se desvanecen ante la convicción de ese destino sublime que hará que todos finalmente nos encontremos en uno solo, como un océano formado por infinitas gotas.
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