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Diciembre 2001
Dossier
Atapuerca: a la búsqueda de nuestros orígenes -Leer-
El extraordinario yacimiento paleontológico español nos desvela algunos de sus misterios en el magnífico reportaje del profesor Serrano, que también entrevista a J.L. Arsuaga, codirector de las excavaciones. Un mundo perdido que nos viene a la más interesante actualidad.
J.M. Serrano
Sumario
El calendario romano
El origen de nuestro cómputo de los días es lejano: Babilonia, Fenicia, Roma, nos han dejado los días medidos y nombrados, divididos en fastos y nefastos, y, naturalmente, los festivos. El sol, la luna y los planetas les dieron sus nombres.
Grupo de Investigación

Moscú, el corazón de Rusia -Leer-
Moscú ha cumplido 800 años de historia. Guerras, invasiones, destrucciones, no han logrado que el alma de la ciudad se pierda. Incluso en los momentos de mayores crisis, hay sonrisas en los rostros de sus gentes.
Juan Carlos del Río

La cara oculta de la Tecnología -Leer-
El desvío a veces paranoide de la ciencia se basa en la idea de que el científico es libre de vender el producto de su mente. Pero ciencia y tecnología deben ser los pilares de la estructura cultural, que conducen a la evolución de la sociedad.
Luis Fernando Bastardo

Niños hiperactivos
Es necesario un esfuerzo reflexivo y organizado para sostener la atención de estos niños difíciles. Es preciso saber percibir los sentimientos que hay detrás de sus actitudes.
María Asunción Cenizo
Schopenhäuer y la libertad espiritual -Leer-
La filosofía del gran pensador alemán se enraiza en la Grecia antigua, bebe en fuentes orientales y sugiere la mística budista. Es uno de los grandes herederos del espíritu romántico.
Verónica Rosique
La tradición del Belén
Cualquier material es válido para dar vida a los símbolos que rememoran el nacimiento de Cristo. En el siglo XIII Francisco de Asís crea el primero, aunque las representaciones datan del siglo II. Todo el encanto de la escena santa en un encuadre de corcho y cartón.
Mariluz Macías
Editorial

El eco que han tenido entre el público no especializado los hallazgos paleontológicos de Atapuerca es uno de los acontecimientos más destacados de la vida cultural de nuestro país. Nunca como ahora se había logrado despertar un interés tan intenso por nuestro pasado más remoto, lo cual no deja de ser una satisfacción para todo científico que sienta la trascendencia social de sus investigaciones.

Nos consta que el extenso equipo de especialistas que tiene a su cargo el deber de reconstruir episodios de la vida de nuestros lejanos antecesores sí tienen esa sensibilidad de compartir sus resultados con la sociedad que sustenta sus trabajos y es digno de elogio el esfuerzo que llevan a cabo para poder explicar a los no entendidos el significado de sus hallazgos. La prueba está en el contenido del dossier especial que incluimos en este número, ofrecido por quienes conocen ese territorio que ha guardado durante tanto tiempo las huellas de unos hombres quizá en los comienzos de unos procesos evolutivos que todavía contienen muchas preguntas sin responder.

Más allá de las repercusiones que pueda tener en los medios de comunicación el valor testimonial de las pruebas sobre la presencia humana en la península ibérica en fechas mucho más lejanas de lo que se suponía hace poco tiempo, en una especie de competencia por el rango de antigüedad, subyacen las antiguas interrogantes sobre qué es el hombre, dónde se encuentra el rasgo diferenciador que lo consagra como tal, con respecto al reino animal, qué cambia y qué permanece en el ser humano, a medida que avanza en su búsqueda de la civilización, del desarrollo de sus potencialidades.

Ante las descripciones de los expertos, en su afán por hacernos algo más cercanos esos antepasados nuestros, experimentamos la doble sensación de estar cerca y lejos a la vez de ellos. Cerca porque muchos de sus afanes siguen siendo los nuestros, si bien disponemos de herramientas más sofisticadas que las suyas, igual que ellos a nos sobrecoge el enigma de la muerte y la posibilidad de otra vida, nos esforzamos por sobrevivir y proporcionar alimentos a los nuestros. Ellos están lejos en el tiempo, es verdad, su aspecto físico difiere del nuestro, tan elaborado; su mundo simple y natural, que se nos muestra salvaje, parece opuesto a la complejidad del que hemos construido. Pero tales matices se nos aparecen como exteriores manifestaciones, y apenas si logramos llegar al alma de estos hombres antiguos, pues nos vemos abocados a imaginar su mundo a partir de restos minúsculos, meras constataciones de su presencia física, indicios de sus hechos y de los seres que compartían su existencia.

El misterio del hombre, como tantas otras veces, se nos escapa, al tiempo que nos parece que hemos descubierto nuevas claves para interpretarlo, de tal manera que las viejas axiologías de lo humano ceden ante nuevas perspectivas que destacan el mundo interior, esa síntesis de razón, imaginación, intuición, que aporta nuevas claves para desvelar el enigma. De ahí el interés que suscitan.