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Captar el sentido
de las cosas, descubrir la orientación de los cambios incesantes
que generan los acontecimientos, intentar una armonía entre nuestras
decisiones y los mensajes ocultos tras las apariencias de la realidad,
leer, en fin, en el libro de la Naturaleza, sabiendo descifrar los signos
que trazan los enigmas, atrapándolos, para analizar cada una de
sus señales. He aquí la quintaesencia de lo que necesitamos
saber, ofrecido por uno de los grandes libros sabios que ha recibido en
herencia la Humanidad. Para quien se sienta atraído por las grandes
lecciones de sabiduría que nos ofrece la gran Historia del mundo,
no cabe duda que El Libro, es decir el I Ching, es una referencia insoslayable.
No sólo porque se trata de uno de los más antiguos, ni porque
hubiese sido comentado por el gran Kung Tsé, ni porque nos venga
de la remota China, esa civilización que parece eterna, sino por
su inmenso acierto para enlazar los instantes y ofrecernos la suprema
lección de que lo que realmente existe es el cambio y la transformación,
que nos llama desde todas las polaridades, desde todas las combinaciones
posibles de la dualidad que parece estar en el origen de todo.
En cualquier momento
en que nos sintamos particularmente motivados a orientar mejor el rumbo
de nuestra vida, podemos interrogar al libro sabio y, si afinamos nuestra
capacidad para recibir los consejos más sugerentes, descubriremos
en sus respuestas claves luminosas que nos permitirán intuir hacia
dónde dirigirnos, por dónde encaminar nuestros pasos. Cada
una de las situaciones que podemos vivir los hombres, en lo individual
y en lo colectivo, parecen estar simbolizadas en las 64 combinaciones
de líneas continuas y discontinuas que ejemplifican los juegos
de fuerzas que sustentan las diversas manifestaciones de la vida.
En la base de sustentación
de la metamorfosis continua, un mensaje aparece como permanente advertencia,
como antítesis frente a la movilidad de las situaciones, como un
secreto que nos ayudará a resolver cualquier situación vital,
quizá la frase más repetida de todo el texto: "Es propicia
la perseverancia". El gran consejo destilado por milenios de sabiduría
china nos viene a revelar de esa manera la raíz de toda acción
humana, pues ante el incierto devenir de las cosas, el hombre cumple su
destino solamente si es perseverante en sus propósitos, como si
se tratase de un escudo que le protegiese del desgaste que siempre le
amenaza.
Ningún otro
libro sabio nos enfrenta con la raíz de nuestras acciones como
lo hace éste, plenamente actual, a pesar de venir de un pasado
tan lejano, de una visión del mundo tan distinta. A través
de sus imágenes, de sus frases enigmáticas y sugerentes,
de los comentarios, se nos manifiesta la sabiduría perenne, invitándonos
a entregarnos a la corriente de la vida, sin por ello perder la iniciativa,
ni la capacidad para rectificar en cualquier momento, pues siempre es
posible hacerlo, siempre hay tiempo, siempre hay una nueva oportunidad,
en el ritmo incesante de las energías que mantienen vivo al Universo.
Necesaria y oportuna lección para vivir plenamente. Con la condición,
eso sí, de la perseverancia.
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