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El cine americano, con su capacidad para generar estereotipos culturales,
ha ido nutriendo el imaginario de las sociedades occidentales con
las historias del lejano Oeste, que narraban las peripecias de los
colonos dispuestos a apropiarse de las inmensas riquezas del continente
y disfrutar de los extensos espacios naturales. En las escenas que
la pantalla nos ofrecía de aquellas gestas de pioneros, los
pueblos que habitaban desde antiguo aquellas tierras eran representados
más como una amenaza que como los desposeídos que
en realidad fueron y se destacaba su salvajismo, su agresividad,
para dar mayor relevancia a la labor "civilizadora" de
los inmigrantes, que se adentraban por los territorios donde ejercían
el pillaje aquellos nativos peligrosos.
Sin embargo, la balanza de las percepciones humanas fue inclinándose
poco a poco hacia el otro lado, y el cine más reciente su
sumó a los movimientos de revitalización indígena
que difundieron una nueva actitud de respeto hacia los descendientes
de aquellos pueblos nativos, diezmados y reducidos a las reservas.
No es este lugar para analizar hasta qué punto se ha conseguido
rescatar del olvido los discutibles métodos que se emplearon
para someter a las diversas tribus indias, muchas de ellas herederas
de muy antiguas culturas y civilizaciones, aunque algo se ha intentado
en los tiempos recientes y la bibliografía sobre estudios
históricos y antropológicos sobre estos pueblos nativos
norteamericanos ha crecido incesantemente en los últimos
años, así como su protagonismo y su presencia en una
nación que ha elaborado un discurso sobre la pluralidad cultural
que no siempre nos llega hasta Europa con la suficiente claridad.
El cine ha contribuido a este cambio de perspectiva, con su poderosa
capacidad de seducción. Uno de los primeros relatos cinematográficos
que recogieron esa nueva actitud en los años sesenta, llevaba
precisamente el nombre de una figura legendaria, el último
gran jefe apache, que aparece en nuestra portada. El fenómeno
del indio Gerónimo resulta interesante para estudiar cómo
se construye un mito contemporáneo, el papel que desempeñan
los medios de comunicación y cómo la leyenda puede
convertir a un peligroso y temido guerrero en un héroe que
sirva para encarnar una cierta identidad nacional del pueblo americano
en su conjunto.
En el siglo XIX fueron precisos cinco mil quinientos soldados
para reducir al grupo de rebeldes que comandaba el jefe apache y
confinarlos en una reserva india primero en Florida y después
en Oklahoma y en la segunda guerra mundial los soldados norteamericanos
hicieron suyo el grito de guerra "¡Gerónimo!"
que los apaches habían adoptado a su vez de los mexicanos
un siglo antes, para expresar su patriotismo y su valor. Todavía
hoy, de todos los lejanos personajes, que en las películas
sobre el far West veíamos negociar con gran dignidad con
los tramposos blancos, su figura es la más recordada, ya
definitivamente convertida en símbolo de las cualidades de
todo un pueblo.
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