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Volvemos a escuchar una de las meditaciones del inolvidable filósofo
Marco Aurelio, aquel emperador que, en medio del fragor de la vida
política y los combates continuos, supo encontrar tiempo
para reflexionar y encontrar sentido a los acontecimientos, dejándonos
en herencia un hermoso ramillete de claves sobre el arte de vivir.
"Contempla el curso de los astros, como si tú evolucionaras
con ellos, y considera sin cesar las transformaciones mutuas de
los elementos, porque estas imaginaciones purifican la suciedad
de la vida a ras de suelo", dice, como un consejo que nos ayude
a acercarnos a la serenidad interior, a sentirnos libres de la tiranía
de lo cotidiano. Nada más eficaz que levantar el vuelo con
la imaginación y considerar el inmenso espacio, tratando
de ensanchar los límites de nuestra conciencia, hasta abarcar
el universo, que es una de las ambiciones propias de la mente humana,
el mayor desafío de la búsqueda del conocimiento.
Podemos sentirnos afortunados, pues la Astrofísica nos
viene proporcionando buenos pretextos y motivos para que elevemos
nuestra mirada y nos interesemos por el "curso de los astros".
Desde nuestra revista seguimos con interés las novedades
que se abren paso en la aldea global informativa y, como nuestros
amigos-lectores saben, tratamos de traerlas a nuestras páginas,
con la suficiente claridad como para ser comprendidas por quienes
no están del todo familiarizados con el lenguaje científico.
Por ello, son de agradecer las aportaciones de los expertos que
hemos consultado y que en un generoso esfuerzo de interpretación
comunicativa hacen inteligibles las palabras de los investigadores
y nos ayudan a encontrar respuestas a nuestras preguntas de profanos.
Nos reafirmamos, pues, en nuestra misión de contribuir a
la divulgación del conocimiento científico de nuestro
tiempo, pues entendemos que la mejor garantía contra la pobreza
de espíritu consiste en que todos nos sintamos destinatarios
naturales de los avances que se van produciendo en la gran carrera
por desvelar los más recónditos misterios de la naturaleza
y el universo, tal como manda el viejo precepto délfico.
Así, pues, de nuevo invitamos a nuestros lectores a mirar
al cielo, no sólo con la perspectiva poética que nos
hace asombrarnos ante la inmensidad y la belleza de lo que intuimos
infinito, sino también con el atrevimiento de querer desvelar
algunos de sus misterios. Y la consecuencia va a ser la que nos
promete Marco Aurelio, pues, entre otras cosas, qué fácil
es pensar en la humanidad como un todo unido, nada más imaginar
el pequeño lugar que ocupa la Tierra en el inmenso torrente
de la vida cósmica, qué ejercicio más saludable
para liberarnos del peso de las exclusiones y los odios que separan
y enfrentan a los que integramos la comunidad humana, viajera en
el Universo.
Si fueran más numerosos los que escucharan los consejos
de los sabios y mirasen hacia arriba, el mundo sería más
justo y más bueno.
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