|
No es la primera vez que traemos a nuestras páginas los
temas medievales, respondiendo al indudable interés de los
lectores, que también se pone de manifiesto en la enorme
variedad de ediciones que cada año ven la luz, sin olvidar
las producciones cinematográficas, que rescatan historias,
leyendas y nos las ofrecen a través de imágenes que
conectan muy bien con los modos de representación de ese
período que vivió Europa envuelta en brumas, mientras
preparaba un nuevo ciclo. Aunque al hablar de la Edad Media, solemos
identificar la vivida por la civilización occidental con
sus particularidades, no se nos oculta que más que un periodo
concreto, se trata más bien de un fenómeno que afecta
a todas las formas culturales que surgen de las civilizaciones en
su manifestación cíclica del tiempo. Esos períodos
oscuros, en los que se disuelven estructuras de pensamiento y de
acción se han producido en Egipto, China, Grecia, por citar
los grandes focos civilizatorios del pasado. Más allá
de las circunstancias particulares de cada caso, el modelo de las
edades medias se recrea en cada lugar y tiempo, con unos rasgos
característicos comunes.
Con esta premisa, desde hace más de treinta años,
se nos viene indicando por parte de historiadores y sociólogos,
como Umberto Eco, o Furio Colombo, que nuestra época comienza
a mostrar síntomas que podrían hacernos pensar que
nos enfrentamos ante una nueva Edad media, que cada pueblo, cada
región de la tierra va a vivir de manera diferente, según
el grado de implantación de la hegemónica cultura
occidental.
Este planteamiento sí es nuevo en nuestras páginas.
Hemos hecho un ejercicio de comparación de los rasgos neomedievales
y a nuestros lectores les toca dilucidar si es o no acertada la
utilización del modelo neomedieval, para explicar lo que
sucede en estos momentos en la mayor parte de los países
desarrollados. Nos hemos apoyado en análisis más recientes,
sin olvidar a los pioneros, que nos avisaron hace tres decenios
de lo que estaba pasando, cuando los síntomas eran aún
menos evidentes de lo que son ahora.
No se trata de anunciar una especie de Apocalipsis, con ánimo
catastrofista, pues en toda Edad Media hay muchos matices, ya que
no todo es destrucción y oscuridad. Consideramos no obstante
que resulta útil esta perspectiva para orientar nuestros
pasos por un mundo que cambia continuamente, aprendiendo del pasado,
que nos ofrece abundantes lecciones sobre cómo atravesar
la Edad media, preparando el tiempo renovado que vendrá después.
Es importante conocer el rumbo que sigue la Historia para no esperar
ingenuamente lo que el ritmo del tiempo no va a poder ofrecernos
por ahora y a la vez, para aprovechar de forma favorable lo que
puede darse precisamente en estos momentos confusos y cambiantes.
En cualquier caso, acertaban los antiguos chinos, que tanto sabían
de edades medias, cuando acuñaron su proverbio: "ojalá
vivas una época interesante", un buen lema para encarar
el comienzo del año.
|