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Una vez superadas las viejas explicaciones reduccionistas que oponían
el pensamiento racional al universo imaginado, volvemos a encontrarnos
con los relatos míticos, como una de las constantes del recorrido
cultural de las civilizaciones. Conforme hemos ido profundizando
en el conocimiento de la Psicología de las profundidades,
a la manera jungiana, hemos podido asumir que el universo imaginado
no es una simple invención surgida de la fantasía,
sino que, por el contrario, responde a estructuras constituyentes
de la manera específica humana de pensar y de otorgar sentido
a las cosas, sin olvidar las sugerentes alusiones a un subconsciente
colectivo, o transconsciente, que explicaría muy bien que
compartamos ideales y sueños. Uno de los atractivos de comparar
mitologías es encontrar las semejanzas en la diversidad de
temas y argumentos, lo cual nos confirma la tan deseada unidad de
lo humano más allá del tiempo y del espacio.
Ese mundo imaginado nos ofrece claves de interpretación
sobre nosotros mismos, como si al forjar sus historias quedasen
reflejadas aspiraciones inconfesadas y muchas cosas en fin, que
no se pueden describir con palabras. Sus protagonistas son esas
figuras carismáticas que llamamos héroes. Cada época,
cada sociedad, cuenta con su propio repertorio de peripecias vividas
por esos seres que se levantan por encima de la normalidad de sus
contemporáneos y son capaces de las mayores hazañas
y los más deslumbrantes prodigios. Aparecen en el escenario
de la vida de manera prodigiosa, y sus poderosas acciones diseñan
los arquetipos que iluminan los comportamientos humanos, encarnando
los valores supremos, dignos de ser imitados por las generaciones.
El destino, siempre caprichoso, nos los ofrece para entender ciertos
misterios insondables y cumplir misiones difíciles. En ocasiones,
los héroes abandonan las páginas de los mitos y vienen
a la tierra, dando pasos de gigante en la marcha de la Historia,
pero muy pronto, tras su rutilante paso, se envuelven en los ropajes
de la mitología y pasan a ocupar el puesto que les corresponde
en el universo de las hazañas imposibles. Y en sus biografías
descubrimos que se inspiraron en los héroes míticos
al orientar sus pasos en la tierra, como si pertenecieran más
al territorio de los arquetipos que al de la realidad de los humanos.
Y sin embargo, quizá cada uno de nosotros tengamos algo
de esos personajes heroicos en busca de la misión definitiva
que dé sentido a nuestro paso por el mundo, sabiendo que,
como ellos, habremos de tropezarnos con dificultades a veces desmesuradas,
aunque también contaremos, como ellos, con la ayuda de sabios
maestros y compañeros solidarios.
Por eso seguiremos buscando sus hazañas en los anales y
las contaremos con palabras o con imágenes, tal como hicieron
nuestros antepasados.
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